miércoles, 17 de octubre de 2007

Thomas Buthler y Mary Clarke en Sevilla

La historia de nuestro linaje cambió desde su llegada a España. Hasta entonces había sido una línea más de un conjunto con plena conciencia de serlo, de acuerdo con la tradición irlandesa, y que había encontrado su destino mayoritariamente en la defensa de la Iglesia Católica y de Irlanda.

Nuestros antepasados Butler, O Brien, Power, O Neill, habían sido grandes señores, altivos y autosuficientes, terratenientes ociosos hasta entrado el siglo XVII; después de la catástrofe de este siglo, Don Thomas Butler O Neill y su hijo Don Tomás Butler Clarke, fueron en cambio durante el siglo XVIII grandes mercaderes, obligados a concitarse la benevolencia de ilustres compradores, empresarios activos y cortesanos interesados.

Pero Don Thomas Buthler O Neill mantuvo sin duda la nostalgia por la antigua forma de vida de su familia, como lo demostró al comprar una hacienda en Castilleja de Guzmán y al insistir en que le fuera reconocido su estatuto de hidalgo; al mantener su Genealogía y su sortija con su sello; su admiración por sus parientes los Wilde Geese muestra por su parte un sentimiento nacionalista.

Esta nostalgia encontró finalmente su expresión en la vida militar que siguieron muchos de sus descendientes, que requería la nobleza como requisito de ingreso y era lo más afín a la vida de los nobles, no teniendo propiedades. Fueron militares su hijo Don Juan Butler Clarke, Teniente General y Caballero de Santiago; sus nietos Don Tomás, otro, más humilde Don Tomás y Don Juan Butler Keyser, Interventor General del Ejército, lo mismo que sus bisnietos Don Eduardo y Don Juan Butler Arias.

La conciencia de nobleza se transmitió generación tras generación a sus descendientes en España, unida a un sentimiento familiar de ser Butler absolutamente excepcional, mantenido incluso por las líneas maternas, cuando el apellido se ha ido alejando en el orden patrilineal.

Lo que nos ha salvado hasta ahora de la total dispersión fue la cuestión de la herencia, que mantuvo la conciencia de ser Butler e incluso la unión entre dos ramas distintas, los Butler de Ballynackill y los Butler de Ballyndisert, en torno a ella, durante todo un siglo, desde 1880 en adelante.

Ahora que el sueño de la herencia se va disolviendo, ¿podrá ser que unos pocos Butler en cada generación consigamos que permanezca la conciencia de que lo somos, quizá unida al recuerdo de nuestro papel en la gloriosa historia de Irlanda?

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Una de las traducciones al español de la Genealogía de Hawkins dice: “Tomas Butler residente en Sevilla en España año del Señor 1733”.

Otra de las traducciones, más detallada, dice: “Thomas Butler Baut.mo 21 de Nov 1701 en el lugar de Carrick on shure Reyno de Irlanda con Marª hija de Augn (Augustin o Austin) Clarke de Dublin”

Fue bautizado el dia 22, por el Reverendo Daniel Dugan, párroco ¿clandestino? de Carrekuer Shur, y sus padrinos fueron Thomas Waddings y Helen Power.

(El expediente de ingreso en la Orden de Santiago de su hijo el Mariscal de Campo Juan Butler Clarke indica que Agustín o Austin Clarke era casado con Mary Wright y que ambos eran naturales de Dublín)

Al parecer era hijo único.
(Luego esta segunda versión añade los nombres de sus cuatro hijos, y las fechas de sus bautismos, todos en Sevilla, en la Parroquia de San Isidoro, de los que luego hablaré, e inserta una Certificación del Arzobispo de Dublín, de 1790, lo que indica que es una copia posterior a esta fecha)
Guillermo Hawkins le dibujó a Thomas Butler O´Neill dos escudos:
El más simple, bajo su nombre, que pertenecía “propiamente al mismo Tomás Butler por parte de padre”, que es el cuartelado, 1º y 4º jefe dentado de azur sobre campo de oro, y 2º y 3º, tres copas cerradas de oro bien colocadas en campo de gules.
Y el más majestuoso, encabezando la Genealogía, que es cuartelado, 1º y 4º, el jefe dentado de azur en campo de oro, y 2º y 3º, tres copas o “bouteilles” cerradas de oro en campo de gules, timbrado con casco de hidalgo, coronado por rodete de azur y oro, y las cinco plumas de avestruz con un halcón con las alas desplegadas, y me parece (hay problemas en las dos imágenes de que dispogo), que con la divisa “Comme Je Trouve”, de las ramas de Ormond, sin poner los tenantes.
En espera de saber más exactamente el significado genealógico de esta forma heráldica, señalaré la existencia de otro blasón de nuestro linaje, que son las tres copas de oro bien colocadas entre un cabrio de oro en campo de azur, que al parecer no es el de nuestra rama.
Dado el método seguido por Guillermo Hawkins, que ve el linaje panorámicamente, y señala títulos como los de Ormonde, Ossory o Dunboyne, como títulos del linaje, no de ninguna rama en particular (así son, de hecho, dentro del derecho nobiliario inglés, donde pueden saltar de una rama a otra, al extinguirse las líneas de varón), es posible, por la misma lógica, que el escudo grande se pinte como blasón del linaje.

(1729)

No sé casi nada de la vida de Thomas Buthler antes de venirse a España.
Sé que en 1729, Thomas pidió al Arzobispo de Cashel, Christopher Butler, un certificado de bautismo. El Arzobispo pertenecía a la rama titulada de los Butler, pero estaba en la clandestinidad, so pena de muerte de ser descubierto, lo que sugiere una fuerte confianza para llegar hasta él y una razón suficientemente fuerte o apremiante.
Unas pocas palabras del certificado resultan de pronto extremadamente reveladoras: “…el ingenuo joven Thomas Butler, asimismo residente en Sevilla, agregado a la milicia…”
Por tanto, ese año el muchacho estaba ya en Sevilla. Verosímilmente, encargó a alguien de su familia que hiciera la gestión ante el escondido Arzobispo, algo temerario y dificilísimo. Presumiblemente, en años anteriores el joven Butler se había incoporado a la guerrilla de la resistencia contra los ingleses.
Había sido posiblemente un “ropaire” (en gaélico) o “rapparee” (en inglés), integrado en alguna de las guerrillas que siguieron a la terrible derrota de 1690 y que estuvieron en activo durante los años siguientes. Algunas se convirtieron en bandas de cuasi-bandidos respetados por los suyos, pero alguna pudo mantener un estilo más militar. El nombre de milicia que le daba el Arzobispo parece ser con voluntad de dignificar la guerrilla católica, pues desde 1715 los ingleses habían puesto en pie una Milicia Protestante.
El joven Thomas Buthler seguramente no había podido soportar el clima diario de humillación para los católicos y de persecución a la Iglesia, y se había “agregado a la guerrilla”. Estaría a punto de ser descubierto por los ingleses y tendría que huir a España, si estaba en riesgo de ser detenido y ejecutado.
Esa huida repentina, sin tiempo para organizar nada, merecería la intervención del Arzobispo. Debió de encargar a su familia, por algún medio, que le consiguiesen una partida de bautismo. Recién llegado a España, como súbdito del Rey de Inglaterra, lo más acuciante para el joven Butler sería demostrar que era católico.
Pero en Irlanda, los archivos parroquiales estaban inaccesibles o destruidos, puesto que no sólo eran clandestinos los obispos, sino toda la Iglesia Católica. Los sacerdotes estaban huidos. Un Butler, sin embargo, podía tener la posibilidad de que alguien accediera al refugio de un Arzobispo Butler, para pedirle que firmase lo que ningún sacerdote podía firmar, pero exponiéndolo a ser descubierto si se hallaba la certificación.
La gestión debió de hacerla Pierce Butler, el padre del muchacho huido (¿desde 1729? ¿!728?) o alguno de sus hermanos, los tíos de Thomas.
El encabezamiento del certificado, que es lo que me ha llegado en una versión en letra angulosa de mujer, dice así:
Certificación de bautismo que “espide a favor de D.n Thomás Butler hijo de D.n Pedro, nacido en 1º de Nov.e de 1701, el Arzobispo Cristobal de Irlanda en ¿Cavvdinoy? 4 de Julio de 1729”
El Arzobispo Christopher Butler de Cashel era hijo de Walter Butler y nieto de Richard Butler de Kilcash. Está enterrado en el atrio de una pequeñísima iglesia románica en ruinas, poco más que una cabaña baja y alargada, situada en Kilcash. Esta relación representa por tanto otro punto de contacto entre los Butler de Ballindysert y los Butler de Kilcash.
Su elección para firmar la certificación de bautismo puede ser casual o puede expresar también la relativa cercanía de ambas ramas, operante al menos desde tiempos del Comandante o Coronel John Butler y Richard Butler de Kilcash, casi cuarenta años antes.
El tratamiento de Don, en la traducción española de que dispongo, debe de corresponder en el original de la certificación, en latín, a las expresiones Dominus Thomas y Dominus Petrus, que en el siglo XVIII expresaban muy precisamente la pertenencia a la nobleza, que el perseguido Arzobispo de Cashel, desde su altísima posición moral, reconocía plenamente al emplearlas.

(1733)

Cuatro años después, en 1733, Thomas Buthler, seguramente desde Sevilla, y probablemente por medio de su padre, Pierce Butler, pidió al Rey de Armas Guillermo Hawkins, Escudero, que le certificase su genealogía y el escudo de armas que le correspondía, lo que el Escudero Hawkins hizo el 18 de diciembre.
No creo que pocos años después de su huida a España estuviera en condiciones económicas y policiales para volver a Irlanda. Su intención sería recoger el árbol cuando se le presentara la ocasión de volver, lo que ocurrió desde luego en 1737, cuando de hecho regresó a Irlanda para casarse.
El esplendor material con que se trazó el árbol genealógico, en algo así como dos metros de vitela o pergamino, todos los escudos de armas policromados que corresponderían a cada generación, el sello del King of Arms en cera y una cajita de hojadelata para protegerlos, hace pensar que fue muy caro y que Thomas Butler disponía ya en Sevilla de suficiente dinero para pagarlo.
Esto era entonces un trámite bastante práctico, más que una cuestión de romanticismo o vanidad. En aquella sociedad estamental, era preciso ser noble para poder ser Oficial del Ejército; por otra parte, no eran pecheros, es decir, no pagaban impuestos y, más o menos por entonces (tengo que buscar la fecha) el Rey Carlos III promulgó un disposición que los autorizaba a practicar el comercio (cosa que en cambio tenían prohibida desde siglos y siglos antes) Finalmente, para un extranjero, poder acreditar la nobleza, era tener la generación franqueada a las casas de la nobleza y a sus privilegios.
En este sentido, creo que la Genealogía de Hawkins fue la piedra angular de la posición de la familia en España, y que Thomas Butler acertó del todo al solicitarlo y, sin duda, pagarlo espléndidamente. Otras familias que no lo consiguieran, debieron de tener más difícil su integración en España durante el siglo XVIII.
Pero lo más importante de la Genealogía es lo que en ella se lee sin palabras. Como ya antes apunté, debió de ser Pierce Buthler, si no el mismo Thomas Buthler O Neill, quien pidiera a Guillermo Hawkins que trazara, junto a su línea, la línea colateral que va del tío bisabuelo de Thomas, John Butler, a sus tíos terceros Edmund y James.
Quien lo solicitara, podía haber pedido que trazara cualquier otra línea, y sin embargo pidió sin duda que se dibujase ésta. También he sugerido que una línea colateral al final de una genealogía rompe la costumbre y la estética arborescente. De hecho, la otra única excepción que se permitió Thomas Buthler O Neill, o acaso Guillermo Hawkins, fue recoger los nombres de sus tíos carnales, los hermanos de su padre, a quienes sin duda quería.
La razón por la que se incluyó en su genealogía la rama de su tío bisabuelo John tuvo que ser un inmenso orgullo por quien habría sido un héroe en el decisivo asedio de Limerick y una fortísima conciencia del dolor de los católicos de Irlanda.
También se preocupó Pierce o Thomas de que se consignara, en el pequeño espacio disponible, el nombre de quien había mandado a John Butler en aquella ocasión, pareciendo que lo mencionó por ser también su pariente, Richard Butler de Kilcash, que había sido capaz de enfrentarse a los protestantes, y entre ellos, dolorosamente para todos, a su propio hermano, el I Duque de Ormonde, James Butler.
También se ve en la Genealogía que Pierce o Thomas Buthler tenían interés en que figurasen en ella los nietos de su tío abuelo y bisabuelo, Edmund y James Butler, por haber estado también el primero en Limerick y por ser los dos de los Gansos Salvajes, estando todavía vivos en 1733, los militares católicos que habían tenido que refugiarse en el Continente cuarenta años antes y de quienes todavía se esperaba que retornasen en cualquier momento a Irlanda para castigar a los protestantes y restaurarla.
No me queda duda de que estas anotaciones genealógicamente desusadas expresan los sentimientos más profundos de Pierce Buthler o de su hijo Thomas Buthler O Neill y las esperanzas más íntimas de éste como exilado. No menos por ellos debió de ser por lo que denominó a su propia hacienda, cuando la tuvo, con el nombre de la Divina Pastora, un nombre mariano y católico, e incluso, por qué, en su día, bautizó a uno de sus hijos, Juan, como su tío bisabuelo, e incluso le inculcaría que se hiciese militar, donde hizo una carrera tan brillante y fue a su vez un héroe en otro asedio crítico, el de Zaragoza.

(1737)

Porque cuatro años después de la obtención del Pedigree de Hawkins, en 1737, Tomás volvió a Irlanda, para casarse allí con Mary Clarke Wright, el 13 o el 14 de agosto, en Dublín. Ya tenía una fortuna de ciento sesenta mil reales de plata de a dieciséis cuartos en dinero efectivo y en mercaderías y ella aportó, como dote, veintitrés mil reales.
El novio tenía 35 años, a punto de cumplir los 36 en noviembre, y la novia, 18, a punto de cumplir los 19, pues fue bautizada el 10 de septiembre de 1718. El Acta del matrimonio, posiblemente clandestino, la firmó el Presbítero Arcediano Richard Lincoln, y los testigos fueron Walter Kennedy, Thomas Hall, y William y Patrick Clancey.
No me resisto a poner en paralelo esta boda con la de mis padres, celebrada el 15 de agosto de 1938, 201 años y 1 día después de la del antepasado de mi madre, Thomas Buthler.
Ocurrió durante la Guerra Civil de España, aunque en zona nacional. Mi padre tenía 36 años, como nacido en 1902, y mi madre 19, nacida el 4 de julio de 1919
En el viaje de novios mis padres fueron a Sevilla, entre otras ciudades, como doscientos años antes, otros novios antepasados de mi madre, con las mismas edades que ellos, se fueron juntos a Sevilla.

(El enlace con los Clarkes)

Empezaremos con una obviedad: en cada enlace, se unen dos árboles genealógicos. Thomas Buthler O Neill rompió quizás la tradición familiar de matrimonios irlandeses al casarse con una angloirlandesa.
Es preciso mencionar este hecho para corregir la imagen de la familia como exclusivamente irlandesa, tal como ha llegado a mi madre.
Nada menos que la llegada a España fue la ocasión en que ambas genealogías, ambas tradiciones, ambas nacionalidades se juntaron. Debía haber identidades y lealtades distintas, aunque unidas por la religión católica, en el caso de los Butler, católicos e irlandeses, en el caso de los Clarke, católicos y angloirlandeses.
Pero los Clarke y los Wright, a su vez, siendo originariamente ingleses,, pero ya instalados en Iranda, habían enlazado al parecer también con los Walsh irlandeses,
Ambas genealogías deberían tener entonces la misma relevancia en este texto, pero al ser la familia Clarke mucho más modesta históricamente, hay muchos menos datos sobre ella en este estudio.
De Doña María Clarke Wright, la esposa de Thomas Buthler O Neill, sabemos que fue bautizada el 10 de septiembre de 1718, hija de Augustin o Austin Clarke y de Mary Wright, ambos dublineses; era nieta, por línea paterna, de James Clarke y Anne Shiell, y por la materna de John Wright y Mary Ronan, también dublineses.
Se casaron el 14 de agosto de 1737, él con treinta y cinco años cumplidos, ella con 18.
Los casó el Presbítero Richard Lincoln, y los testigos fueron Walter Kennedy, Thomas Hall, William Clancey y Patrick Clancey.
Los datos que tenemos son suficientes para hacer un análisis social: la familia y ella eran de Dublín, angloirlandeses, católicos y tenían suficientes medios para pagar una dote de unos veinte mil reales (o euros)
Se puede deducir que, si eran de Dublín, situado en el Pale, el reducto inglés en Irlanda, si eran católicos (como se deduce de que ella se casara con un católico) y si tenían ciertos medios, no habían sido afectados por las confiscaciones de las Leyes Penales, lo que significa que no eran terratenientes, sino probablemente comerciantes, aunque descendientes de familias de cierta nobleza.
Mi hipótesis acerca de la relación que condujo al matrimonio de ambos jóvenes es que Don Thomas Buthler O Neill, al instalarse en el comercio de Sevilla, mantuvo relación con la Casa de Austin Clarke, quizá como consignatario en el puerto dublinés de los paños de la manufactura de Carrick On Suir, o quizás como socio en el negocio de la exportación a España, lo que explicaría que se casara con su hija, lejos del ámbito en que se habían casado secularmente los Butler de nuestra rama, y en una clase social y una nacionalidad diferente, vista quizá con hostilidad por los irlandeses, lo que hubiera podido ser un problema en Irlanda, pero no lo era sin duda en España, con tal de que marido y mujer fueran católicos.
Años después, su hijo Don Juan Butler Clarke, al gestionar el hábito de Caballero de Santiago aportó la genealogía elaborada por James Maccullough, el 20 de marzo de 1761, para Thobie Clarke, de Nantes, que fue hijo de John Clarke y de Anne Walsh
Thobie Clarke era primo hermano de Mary Clarke, la esposa de Thomas Buthler O Neill. Eran, por tanto, hijos de dos hermanos, Thobie, de John, hijo 5º , que se casó con Anne Walsh; y Mary, de Augustin, hijo 2ª, casado con Mary Wright, ambos de Dublin.
Como primos hermanos, ambos eran nietos de los mismos abuelos paternos, James Clarke y Anne Shiell, ambos también dublineses.
Doña Maria Clarke Wright, como se la llamó en España, era nieta materna de John Wrigth y Mary Ronan, igualmente dublineses.
Según la Genealogía de Maccullough, los Clarkes tenían un escudo de armas que se describe como una faja de azur cargada de una estrella de cinco puntas de plata entre dos bezantes de oro, en campo de oro, timbrado de un yelmo con rodela de azur y oro, y un brazo armado con una lanza, como cimera, y abajo, la divisa “Omnes Nobis Prospera”; figuran también los enlaces con otras casas nobiliarias.
Thobie Clarke se casó con Jeanne Mallés en la capilla de la antigua casa de La Béhinière, adquirida por su familia en 1758, en Saint-Herblain, de Bretaña. Puede que estos Clarkes tuvieran que ver con los Clarke de Dromantin, que también habían sido de los “Gansos Salvajes”.
El Rey de Francia, en 1766 y en Versalles, concedió Carta de Patente de Reconocimiento de Nobleza a los Clarkes.

(Los Walsh de la línea materna de Thobie Clarke, que por tanto no tienen que ver en principio con nosotros, eran una gran familia de origen galés-normando, arraigada también en Kilkenny, donde las montañas del Sur se llaman Walsh Mountains. Pero es notable que también aparecen relacionados con Ballindysert, e incluso emparentados con alguna rama de los Butler, lo que depararía otra razón para este matrimonio, si Augustin o Austin Clarke descendiera también de Anne Walsh.
En la Genealogía de Tobías Clarke, de Nantes, aparecen como las de su madre las armas de los Walsh de Castlehale, la rama principal de Kilkenny, que son, en plata, un cabrio de gules entre tres puntas de flecha o pheones de sable.
Las armas grandes de los Walsh están timbradas con un cisne atravesado por una flecha, y con la divisa “Transfixus sed non mortuus” (Atravesado pero no muerto)
Nuestra linea completa de los Clarkes es como sigue: Tobías era hijo de John, hermano de Augustin, hijos de James, hijo de Thomas, hijo de Thomas e hijo de Thomas Clarke, con lo que se llega aproximadamente hacia 1575.
Parece que había Clarkes tanto católicos como protestantes.

(El enlace con los Wright)

Por parte de los Wright, la ascendencia de Mary Clarke Wright era recientemente inglesa y protestante. De Tony Harrison, en “Wright in Ireland”, http://members.trump.net.au/ahvem/Family/family%202a.html obtengo el dato de que el Capitán James Wright, de Royston, Yorkshire, nacido en 1615, llegó con el Ejército de Oliver Cromwell a Dublín en 1649 y recibió en 1689 las haciendas de Gola y Carrachor en el Condado occidental de Monaghan de manos del rey católico James II.
Este historial ponía al Capitán Wright entre los enemigos de los católicos irlandeses, pero más adelante entre sus amigos y quizás luego incluso en el partido jacobita durante la guerra y las batallas del Boyne y de Limerick. Cómo se llegó a una reconciliación, de modo que la que llegó a llamarse Doña María Clarke Wright pudiera casarse con Don Tomás Butler O Neill,, ahora se verá.
El Capitán James Wright se casó en primeras nupcias con Jane Owen en 1638 y tuvieron un hijo, William, en 1640. En segundas nupcias se casó con Mary Slacke y tuvieron seis hijos. El autor de estas noticias sigue refiriendo que su hijo Thomas tuvo dieciséis hijos, otro hijo, Joseph, fue un clérigo de la Iglesia de Irlanda (protestante), con unas tierras en Carrachor, que con el nombre de Carrachor Hall se convirtieron en una importante propiedad.
Parece, pues que el rastro de los Wright en Irlanda es fácil de seguir, y que si Mary Clarke Wright debió de nacer entre 1700 y 1710,
• su madre, Mary Wright, pudo nacer hacia 1670 y
• su abuelo, John Wright, hacia 1640, lo que podría hacerlo uno de los mayores de los siete hijos del
• Capitán James Wright.
Mary Clarke Wright sería por tanto bisnieta del Capitán Wright.
Los Wright tenían un blasón partido de sable y azur, con un cabrio sobrepuesto de oro cargado con tres puntas de lanza en gules y tres cabezas de unicornio de oro. Este blasón parece verse en versión simplificada en la genealogía de los Clarke, como propio de la tatarabuela paterna de Thobie Clarke, lo que plantea otro enlace entre ambas ramas, anterior incluso a la llegada del Capitán Wright a Irlanda.
Queda la cuestión de la religión, pero unos Wright de Thurles se convirtieron al catolicismo, lo que en aquellos tiempos era heroico, y se explica sólo por fe verdadera, lo que me hace preguntarme si ésta sería la rama de la esposa de Thomas Butler O’Neill. Esta conversión, con los problemas sociales que entonces acarreaban, permitiría la reconciliación de los Wright con los católicos irlandeses, que ya no los verían como enemigos.
Las razones del matrimonio, aparte de las personales, y de las afinidades y respeto por familias participantes en la misma historia religiosa, pudieran tener que ver con las conveniencias del negocio de Thomas Butler O’Neill, si su suegro Augustine o Austin Clarke fuera un comerciante de tejidos con quien se pudiera establecer alguna forma de sociedad para su importación a España.
Él y Mary tuvieron cuatro hijos: el primero, Pedro Simón, nacido en 1740, cuando él tenía una edad más alta de la acostumbrada, treinta y nueve años, seguramente por las vicisitudes de su vida; el segundo, Tomás (II) José, nacido en 1743; el tercero, Agustín, nacido en 1745; y el cuarto, Juan (I) Manuel, nacido en 1749, todos en Sevilla, en la parroquia de San Isidoro, según la interpolación de la Genealogía de Hawkins, en letra inglesa.
Los nombres de los hijos parecen expresar los sentimientos de los padres: El mayor, Pedro, por Pierce, padre del padre; el segundo, Tomás, por el mismo padre y su abuelo; el tercero, Agustín, por Augustine o Austin, padre de la madre; el cuarto, Juan, acaso por el tío bisabuelo, a quien creo que Thomas veneraba por su participación en la batalla de Limerick en 1690.


(1751)

En 1751, pidió a Peter Crea, Obispo de Waterford y Lismore, entonces en la clandestinidad, una certificación de sus orígenes religiosos y sociales, y éste se la extendió, diciendo: “testamus nos Infrascripti fidemque facimus indubiam perillustrem Virum Dominum Thomam Butler nostrae Dioecesis alumnum nunc Hispali in Hispaniâ commorantem, apiis Catholicis et nobilibus utrinque Parentibus tam paterno quam materno sanguine duxisse originem Patre Petro Butler et Matre mariâ o’neal (…)
“Testamus in superpraelaudatum Thomam Butler spretâ, cuapsi in Patriâ affulgebat amploris (ilegible) spe, maluisse potius adexteras nationes aufugere, quam a vita veraque fidei jacturam domi facere”.
Traduzco aproximadamente: “Atestiguamos Nos, infrascrito, y damos fe indudable de que el muy ilustre Varón Señor Tomás Butler, educado en nuestra Diócesis, ahora residente en Sevilla en España, de ascendientes católicos y nobles, tanto de sangre paterna como materna, trajo origen de su Padre Pedro Butler y de su madre Maria O’Neal”
“Atestiguamos que el arriba alabado Thomas Butler, aunque en la Patria le refulgía la mayor esperanza, prefirió mejor huir a naciones extranjeras, que rechazar la vida y la verdadera fe de su casa”.
Observo aquí el tratamiento de “muy ilustre” o “perillustris” y de “señor” o “Dominus”, dado al solicitante, que en el siglo XVIII no sería todavía retórico o de cortesía, sino que correspondería a derechos precisos de un determinado estrato social, y que confirma su posición a la vuelta de Sevilla, y la alusión a sus nobles progenitores, paterno y materno, sin mayor precisión, ni de títulos ni de parentesco, lo que indica ese carácter secundario y modesto de nuestra rama, alejada de los Butler mayores.
¿O equivale, más fuertemente, en inglés el tratamiento como Dominus al de Sir?
También observo que el Obispo de Waterford y Lismore escribe el apellido de la madre de Thomas Butler con grafía gaélica, Oneal. Desde luego, todo O Neill puede ser considerado noble, por su gloriosa ascendencia, independientemente de su posición.
El párrafo segundo es el que me parece más digno, al mencionar cómo Tomás Butler prefirió huir al extranjero y dejar las esperanzas que podía tener en su patria, antes que renunciar a su fe.
Fray John Thomas Troy, Arzobispo de Dublín y Primado de Irlanda, ratificó casi cuarenta años después, en 1790, escribiéndolo de su propia mano, lo certificado por el Obispo de Waterford y Lismore, diciendo que “Thomam Butler ortum duxisse ab antiquis temporibus a Progenitoribus tam paternis quam paternis, non minus Fidei orthodoxa Catholica Romana et Apostolica haud intermissa professione, quam Sanguinis claritate illustribus, ipsum que ad exteras Catholicas nationes aufugere maluisse, quam Domi manere cum antiquae et verae Fidei jactura vel discrimine”.
Traduzco de nuevo: “Thomas Butler surgió desde tiempos antiguos de Progenitores tanto paternos cuanto maternos, que no menos habían hecho profesión de Fe ortodoxa Católica Romana y Apostólica, cuanto ilustres por la claridad de la Sangre; este mismo prefirió huir a naciones Católicas extranjeras, más que permanecer en su Casa cuando se arrojaba o discriminaba la antigua y verdadera Fe”.
En estas frases se condensa todo el orgullo que siento porque Thomas Butler fuera antepasado mío.
Puede ser que, ante la abundancia de requerimientos, las del segundo documento hubieran llegado a ser casi formularias, referidas a cualquiera de los muchos irlandeses que en aquel siglo dejaron su tierra en las mismas circunstancias, pero nuestro antepasado Thomas Butler estuvo a la altura de todos ellos.
El hecho de que el original lo escribiese, como dice, el Obispo Fray John Thomas, de su propia mano, revela un sentimiento de afecto hacia el anciano que lo requería.
El lema “Soyez Fermes”, “Sed Firmes”, corresponde a la rama de Dunboyne; pero Tomás Butler supo ser firme.

(Su posición en España)

Al llegar a España, a los ojos de Thomas Butler, sin duda inteligente y despierto, se le ofrecería, de forma natural, la oportunidad de abrir el negocio de tejidos de lino en el que participaba su padre a la exportación a España, que abría muchas más posibilidades. Así, se puede pensar que, en efecto, llegara a ser proveedor de la Reina (¿de María Amalia de Sajonia, esposa de Carlos III?)
Llegó a una situación de verdadero bienestar y desahogo, relacionado con los medios comerciales extranjeros, todos dedicados a la importación, de Sevilla al menos y quizá de Cádiz y de Madrid, situando a casi todos sus hijos en los negocios y al menor en el Ejército, donde hizo una espléndida carrera.
El expediente de su hijo para el ingreso en la Orden de Santiago muestra con quiénes se relacionaba Thomas Butler y que pudieran atestiguar su condición social.
Figura como primer testigo Don Francisco Antonio Justiniano, Cónsul de Génova, Teniente de la distribución de la Real Fábrica de Tabaco y Administrador del Marqués de Castromonte, quien afirma que las familias Butler O Neill y Clarke Wright eran “de las más ilustres del Reyno de Irlanda”, lo que le habría referido sin duda el mismo Don Thomas Butler, y añade que “recibidas en el de Francia según su clase y hav.dose recibido el Padre del Pretend.te en la Villa de Castilleja de Guzman”, lo que debe aludir una vez más a los parientes militares tanto por Butler, de quienes se enorgullecía Don Thomas, como por Clarke, lo mismo que a su recepción como hidalgo, “con aprobacion dela R.l Chancilleria de Granada”.
El segundo testigo fue Don Thomas Cahill, “natural de Irlanda y del comercio de esta ciudad (de Sevilla)”, que “conoció y trato mucho” a Don Thomas Butler y Doña Maria Clarke, y que sus parientes son “personas de las mas ilustres, y calificadas recibidas según su esclarecida Nobleza en otros Reynos y hallandose admitido el Padre del pretend.te como hijodalgo notorio de Sangre en la Villa de Castilleja de Guzman”.
El testigo tercero fue Don Josef Merry, “vecino y del comercio de esta ciudad”, quien atestiguó en líneas generales lo mismo, “constandole hallarse recibido de Caballero hijodalgo D.n Thomas Butler en la Villa de Castilleja de Guzman”.
El testigo cuarto fue Don Martin Power, pariente lejano sin duda, “natural de Irlanda y vecino y del comercio de esta ciudad”, y de sus abuelos dice que fueron de “familias de las mas conocidas e Ilustres de aquel Reyno con las mismas distinciones hallandose el Padre (Don Thomas Butler) del Pretend.te recibido en su clase de Caballero hijo dalgo en la villa de Castilleja de Guzman”.
El testigo quinto fue Don Bernardo Francisco Justiniano, Caballero individuo de la Junta de Génova (en Sevilla), quien testificó en el mismo sentido, “constandole q.e D.n Thomas Butler Padre del Pretend.te se halla recibido por su estado noble en la Villa de Castilleja de Guzman”.
De los cinco testigos, que trataron a Thomas Butler y María Clarke, dos eran genoveses u oriundos de Génova, parientes, altos cargos de la colonia mercantil genovesa, otros dos irlandeses y comerciantes, uno de ellos un Power, refugiados sin duda como el mismo Don Thomas Butler, y uno quizá nacido en España, pero de origen irlandés.
Es de notar también que dos de ellos precisan que Don Thomas Butler era Caballero hijodalgo, expresión que debo averiguar si se refiere a una distinción dentro del estatuto de los hidalgos, y uno precisa que era “hijodalgo de sangre”, lo que correspondía sin duda a una distinción. Todos los testigos, por cierto, llevan el tratamiento de Don.

(Hacendado en Castilleja de Guzmán)

Con paciencia y perseverancia, Don Thomas Butler O Neill fue consiguiendo todos los documentos que necesitaba para restablecer su posición en España. Aunque avecindado en Sevilla, procuró también ser recibido como hidalgo notorio de sangre en Castilleja de Guzmán, villa situada a una legua de la ciudad, por estar en ella hacendado y lo consiguió.
No lo necesitaba, dada la importancia de sus negocios, pero adquirió allí unas tierras. Parece claro que añoraba la tradición familiar y que consideraba que su exilio sólo se justificaría si podía vivir como noble y como terrateniente o landlord.
Castilleja de Guzmán era un pueblo sumamente pequeño, a una legua de Sevilla, que tiene sólo dos edificios significados, uno, el Palacio de los Guzmanes, sus antiguos señores desde la Edad Media, y otro, la Hacienda de la Divina Pastora, construido en el siglo XVIII, del que la primera noticia es precisamente de 1765, cuando Thomas Butler O’Neill estaría ya gestionando el pleno reconocimiento de su hidalguía. En todo caso, el nombre de Hacienda corresponde plenamente a la situación de Thomas Buthler como hacendado, que aparece en el documento de la Real Chancillería de Granada.
La Hacienda de la Divina Pastora está frente por frente del Castillo Palacio de los Guzmanes, cada uno a un extremo de una larga calle o camino. Una y otro han pertenecido, antes o después, a los mismos dueños. Fue un antiguo olivar, y una casa cortijo, de la que hoy queda sólo la Torre del Contrapeso, entre magníficos jardines de principios del siglo XX, y ha pasado por varios propietarios, de los que el que la construyó pudo ser Thomas Butler O’Neill. Sería muy emocionante ver si en la Torre del Contrapeso subsiste algún escudo con los dientes o las tres copas de los Butler, que sería visible por tanto todavía en nuestra tierra, quizá el único en ella.
El nombre de Divina Pastora viene de la devoción suscitada en 1703 por el capuchino fray Isidoro de Sevilla. En el testamento de Thomas Butler se manda decir cincuenta de las misas que encarga por su alma precisamente en el Convento de Frailes Capuchinos, extramuros de Sevilla.
Thomas Buthler O Neill quizá soñaba con fundar un mayorazgo, de manera que su primogénito, Pedro Butler, y sus sucesores, fueran conocidos como los Butler de Castilleja, según el modelo de los lineamientos irlandeses.
Para eso, el primer paso sería quizá la adquisición de la Hacienda, y el segundo, pedir su reconocimiento en la Villa como Caballero hidalgo, notorio o de sangre, la cualidad más firme. No parece que necesitara ejecutoria, porque la Villa se la reconoció, quizás gracias a la Genealogía de Hawkins y a su buena posición material.
No sin dificultades. Parece que, encontró algunas reticencias por parte del Concejo para reconocerle plenos derechos como hidalgo. Pero en un pueblo de señorío, como era Castilleja, en aquellos momentos bajo la jurisdicción del Duque de Alba, hay que imaginar que no se tomaba ninguna decisión importante sin que el Duque o su Administrador la autorizasen.
En cualquier caso, él tuvo que recurrir a la Real Chancillería de Granada.
En su escrito, del que se guarda copia en el Archivo del Alto Tribunal, parecen verse las dificultades que encontró: ¿incluirle en una relación de cargas? ¿no incluirle en cambio en el Padrón de hijosdalgo? ¿estorbarle el uso de su blasón en la portada de su hacienda o en su capilla o en los reposteros con que adornase los balcones con motivo de las fiestas mayores, o en sus mismas alhajas?
Lo referido al uso de sus Armas es lo más llamativo, y sugiere otras preguntas. Había conseguido al cabo de una treintena de años tal posición, que en su casa de Castilleja de Guzmán tenía una o varias portadas de piedra, coronables con su blasón, y había podido edificar una o varias Capillas.
Pero el uso de su blasón era problemático y discutido. ¿Para quién y por quién? ¿Por parte del Duque de Alba que, con los reflejos del poder, tendría celos de cualquier sombra, y quizá hubiera ordenado a los concejos de sus señoríos que estorbasen cualquier señal de hidalguía libre?
No dejaría de ser un desafío, si la casa de Don Thomas Buthler era la Hacienda de la Divina Pastora, que estuviese, con sus blasones y sus reposteros, frente por frente del Palacio del Duque de Alba. Podía temerse que cierto número de villanos se acogiesen a la protección del recién llegado, que no dejaría de tener cierto peso propio, por sus relaciones en la Corte, para enfrentarse a los intereses del Señor. Por otra parte, el Duque era un FitzJames Stuart que podía temer complicaciones posibles con los Butler mayores en la Corte de Londres.
No me parece casual que en el pueblo se llame a la torre de la Hacienda, la única parte del edificio del siglo XVIII que ha subsistido hasta hoy, la Torre del Contrapeso.
El 20 de mayo de 1768, la Real Chancillería de Granada dictó la siguiente Real Provisión:
“Para que el Concexo Justicia y Regimientos de la Villa de Castilleja de Guzman cumpla lo que se le manda a pedimiento de Don Thomas Butler, vezino de la Ciudad de Sevilla y hazendado en dicha Villa.
“Don Carlos Ferrero & ª A vos el Concejo Justicia y reximiento de la Villa de Castilleja de Guzman salud, y grazia saved: que a la nuestra corte y chanzilleria, ante los nuestros Ministros de los hijosdalgo de la nuestra Audienzia que recide en la Ciudad de Granada Ha sido remitida una Copia de autos y dilixenzias, practicadas por vos dicho Concexo sobre el rezevimiento de hixodalgo hecho a don Thomas Butler Vezino de la ciudad de Sevilla, y hazendado en dicha Villa (…) y con inserción de diferentes instrumentos y de un Acuerdo celebrado por vos dicho concejo con parezer de Asesor en el dia nuebe del mismo, por el que recibisteis por Vezino, Cavallero, hixodalgo y haviéndose Visto los referidos autos y dilixenzias a la sala de los dichos nuestros Alcaldes, de los hixosdalgo en este estado por Antonio de Castroviexo Procurador en nombre del citado Don Thomas Butler, se presentó petizion, suplicandonos nos sirviesemos mandar que los menzionados autos pasasen ael nuestro Consexo?Mayor de los hixosdalgo para que los enlegaxase, y que aprovando el zitado vuestro Acuerdo y rezevimiento, hecho a su pde? le Despachasemos nuestra Real Provisión para que Vos dicho concexo justicia y reximiento, de esa villa de castillexa de Guzman en conformidad de ello le hiziesedes guardar y guardasedes todas las Esempziones, franquezas, y libertades que según leies deestos nuestros Reynos, practica y estilo deesa Villa, se acostumbraban guardar a los hixosdalgo notorios de sangre no incluiendole en carga alguna conzexil, annotandole como hixodalgo en los Padrones que con el vezindario le pusiesedes, y no le impidiesedes usase deel escudo, y blazon de sus Armas en sus Portadas, Capillas, reposteros, alaxas de oro, y Plata y demas partes que le combiniese, proponiendole aviendo mitad de oficios para los empleos propios de la nobleza, y hiziesedes, que para que asi en lo subsesibo constase se pusiese copia de dicha nuestra Real Provision en Vuestro libro Capitular corriente (…) y Juró”.
Queda claro que Don Thomas Buthler O Neill había sido recibido como hidalgo notorio de sangre, por estar hacendado en la Villa, pero que había sufrido ciertas restricciones y, como se verá, incluso ciertas formas indebidas, que le obligaron a recurrir al Alto Tribunal de Granada.
Ante lo que la Real Chancillería respondía:
”Y fue Acordado Dar esta nuestra Carta para vos el expresado concexo Justizia y reximiento de esa villa de castilleja de Guzman para la qual os mandamos, que siendo con ella requerido, o requeridos por parte del nominado don thomas Butler, estando juntos en vuestro Cavildo y Aiuntamiento según lo haveis de uso y costumbre de os juntad en conformidad del rezevimiento de hixodalgo que le teneis hecho, le guardeis y hagais guardar y que con efecto se le guarden todas las esempciones franquezas y preheminencias, que es estilo, y constumbre en esa Villa y en estos nuestros Reynos guardar a los demas hixosdalgo de sangre ezeptuandole, y haziendo se le ezeptúe de todos los pechos, y repartimientos de Pecheros y de las cargas conzexiles, annotandole, y haziendole annotar en ellos, en la misma conformidad, que se annotaren los demas hixosdalgo de esa Villa, y no le impidais, ni embarazeis ni permitais se le impida, ni embaraze, que pueda usar y use del escudo?de sus Armas en las casas de su morada y demas partes que le combenga a e? de en las Iglesias de nuestro Reyno de Granada sino es que para ello obtenga nuestra Real Lizenzia (…)”
La Real Provisión llega a amonestar al Concejo de Castilleja de Guzmán por los siguientes puntos:
“Los aperzevimos a vos dicho Conzexo, que en lo subsesibo en vuestros Acuerdos no Useis de expresiones que no sean conformes de los hechos que resulten de autos, ni tampoco ezeptueis de el repartimiento, de servicio ordinario, y demas cargas en calidad de hixodalgo a ningun nuevo vezino, o hazendado que no tenga rezevimiento aprovado por los nuestros Alcaldes de hixosdalgo. Y no hagais, ni permitais se haga cosa en contra de lo que en esta nuestra Carta os va mandado (…)”
En cumplimiento de esta Real Provisión, el Concejo de Castilleja,
“(…) estando todos Juntos en su ayuntamiento (…) mandaron se guardase, y cumpliese según, y como se ordenaba y q.e se le guardase al nominado D.n Thomas Butler todas las onrras y Franquezas que se acostumbran, y deven gozar los Caballeros hijosdalgo en el modo, y forma q. en la R.l probisión se espresaba (…)”
La Genealogía de Hawkins, que guardaría en su casa de Sevilla, había demostrado su valor material. Los escudos de armas ahora se materializaban con fines muy determinados, exención de impuestos, respeto y preeminencias.
El jefe dentado y las tres copas de los Butler brillarían en las piedras talladas al alegre sol de Andalucía, y el azur, el oro y el gules de sus cuarteles alegrarían también los grandes reposteros de paño extendidos en los balcones, hasta con los letreros del “Comme Je Trouve”, exhibiéndose en las fiestas mayores de la Villa.
Todo ello señalaría que Don Thomas Butler O Neill había conseguido que se reconociesen sus derechos, en los mismos años en que les eran negados radicalmente a sus parientes en Irlanda.
Una nueva era comenzaba aquí, verdaderamente, para su descendencia, justificando su decisión de emigrar y dejarlo todo atrás.
Para sellar la paz con el Duque de Alba, posiblemente derrotado por la razón y la Real Chancillería, años después, Tomás Butler el Joven, hijo del llegado de Irlanda, fue propuesto por el Duque y aceptó el cargo de Alcalde de hijosdalgo de la Villa, justamente el cargo al que correspondía recibir y aceptar a cualquier hidalgo nuevo que se estableciera en ella, como se había establecido su padre.
Posiblemente perteneció a Thomas Buthler O Neill una sortija de sello que actualmente está en el dedo meñique de su quintanieta Marali Marchessi de Mesa. Este detalle sugiere que su mano tampoco sería grande, y que él sería un hombre menudo, como era frecuente en siglos anteriores.
El sello es de oro, pequeño, pues mide aproximadamente un centímetro por cinco milímetros. De la mitad hacia arriba, se ven en él cinco trazos verticales que terminan en puntos y que parecen representar una corona de baronet estilizada, timbrada también aparentemente por el halcón de las alas desplegadas.
La mitad inferior está lisa, excepto por una tira arqueada en la que se lee, en letras capitales romanas, “COMME JE TROUVE”.
También debió de pertenecerle la bota de madera que al parecer es tradicional en las casas irlandesas, Pintada de negro, representa ser vieja y está rota y abierta por la punta y agujereada por la suela, con gran realismo.
Y también tendría a la vista en su casa la impresionante Genealogía de Hawkins, con su larga vitela amarillenta y la treintena de escudos de armas policromados, suficiente testimonio, terminado en su nombre, para que fuera considerado por todos Caballero hidalgo notorio, sin necesidad de ejecutoria.
Podía tener reposteros de paño con sus armas recortadas en figuras coloreadas también de paño sobre las paredes encaladas de sus casas de Sevilla y Castilleja, a juzgar por su reclamación del derecho de tenerlos que planteara ante el Concejo de esta Villa. Esto supone paredes altas, quizá de tres metros, y grandes salas, quizás revestidas de zócalos de azulejos.

(Su testamento)

El 10 de octubre de 1781, Thomas Buthler O Neill, al cumplir los ochenta años, otorgó su testamento. Cinco años antes, 1776, había muerto su mujer, con algo más de cincuenta años, a la que por tanto llevaba mucha edad, quizás veinte años.
Las cláusulas religiosas que abundan en el texto supongo que serían algo más que de estilo, en un hombre cuya vida había estado marcada por su fe.
De todos modos, la complejidad teológica y corrección de muchas y largas fórmulas hace pensar en inserciones acostumbradas por parte del notario y por eso las omito:
“En el nombre de Dios nuestro Señor Todo Poderoso y con su gracia: Sepan cuantos esta carta de testamento vieren como yo DON TOMAS BUTHL(ER) Viudo de Dª MARIA CLARKE, mi legitima muger que Dios haya, vecino y del Comercio de esta Ciudad de Sevilla, collacion de el Sagrario, é hijo lejitimo de D. PEDRO BUTHLER y de Dª MARIA ONEIL, mis padres difuntos, que en gloria sean; vecinos que fueron de la Villa de Carrekuer Shur, Reino de Irlanda, dela que soy natural,
(Nota: En este primer párrafo sorprende la grafía Buthler, continuamente usada en el texto, que no puede atribuirse al Escribano porque, en su propia firma, él usa su nombre como “Thom (y esta hache no está presente en la versión del notario) Buthler”. Esta grafía fue la usada por el escritor Samuel Buthler en el siglo XIX.
También se observa el uso del Don, propio de hidalgos, tanto para él y su mujer como para sus padres y sus hijos y nueras.
De éstos se menciona sólo que vivieran en Carrekuer Shur; el uso del nombre gaélico, sugiere que ésta fuera todavía su lengua y quizás su reivindicación; no se dice nada de que hubieran vivido en Sevilla, con lo que se puede descartar la suposición de que vinieran con él.
“estando con salud, de (lo) que doy a Dios infinitas gracias, y entodo mi acuerdo, juicio y entendimiento y buena memoria, según que fue servido darme y creyendo, como firme y verdaderamente creo, en el inefable y alto misterio de la Santisima Trinidad, Padre, Hijo y Espiritu Santo tres personas y realmente distintas, y un solo Dios verdadero, y entodo lo demas que enseña, cree y confiesa nuestra Santa Madre Iglesia Catolica Apostólica de Roma, como fiel cristiano, temiendo la muerte que es natural a toda viviente criatura, pª descargo de mi conciencia, y bien de mi alma, hago y otorgo mi testamento en la forma siguiente:

(…)

I= Mando se me digan por mi alma e intención doscientas misas seradas limosna de a cuatro reales de vellon cada una, la cuarta parte de ellas en mi Parroquia por su derecho, otras cincuenta en el Convento de Reverendos Padres Capuchinos extramuros de esta Ciudad, y las cien restantes en la Casa del Espiritu Santo de Reverendos Padres Clérigos menores de ella.
(Nota: La distribución de las misas ayudaba a diversos conventos e iglesias. Aparte de la propia Parroquia, obligada, Thomas Buthler disponía que se dijeran en el Convento de Franciscanos (orden mendicante, muy respetada en España, y cuyos limosneros solían acudir a las casas periódicamente, por lo que eran conocidos y estimados y en una Casa que seguramente sería asilo de sacerdotes viejos o pobres)
I= Declaro que en el dia trece de Agosto del año pasado de mil setecientos treinta y siete, en la Ciudad de Dublin, del dicho Reyno de Irlanda, contrahí legitimo matrimonio con la nominada Doña MARIA CLARKE, mi difunta muger;
á el que yo entré por mi caudal, ciento sesenta y tres mil cuatrocientas noventa y dos reales de plata, de a diez y seis quartos cada uno, asi en dinero efectivo, como en mercaderias, y alhajas y menaje de mi casa de que no hice capital, por hallarme tan distante de esta Ciudad, donde tenia como al presente tengo casa de comercio, y apuntado por menor en mis libros las partidas de que se compuso mi caudal, con la mas clara espresión; Y la nominada Dª MARIA CLARKE mi muger entró por un total veinte y tres mil y cien reales de plata que yo percibi despues de casado con la susodicha, dada un favor otorgué escritura de dote ante JOSEPH HERNANDEZ DE COSGAYA, Escribano público que fue del numero de esta Ciudad en fecha, cuatro de Abril del año de mil setecientos cincuenta y dos a cf. me remito =”
(Nota : Éste era su caudal en el momento de su matrimonio, cuarenta y tres años antes, en 1737. Para estimar el valor de los reales de plata, de a dieciséis cuartos, si se refiere al real de plata de los llamados “de a ocho”, que valía dieciséis reales de vellón, su equivalencia en dinero actual puede cifrarse sobre la base de un real de vellón igual a un euro de 2001 como mínimo, observando algunos de los precios corrientes, o sea, un real de plata, dieciséis euros.
Confirmando esta estimación propia, he encontrado, en “Estadísticas históricas”, del Instituto Nacional de Estadística, esta misma valoración: “Un Real de Vellón del año 1750 podría ser equivalente a un Euro de 2000, haciendo una aventurada comparación a través del precio del oro”.
También puede suponerse que parte de que el real de vellón tuviera cuatro cuartos. En ese caso, dieciséis cuartos serían cuatro reales de vellón, y ese real de plata valdría cuatro reales de vellón, o sea, cuatro euros.
Según esto, si la fortuna de Tomas Butler era, en el momento de su matrimonio, de “ciento sesenta y tres mil cuatrocientas noventa y dos reales de plata, de a diez y seis quartos”, equivaldría, en la primera estimación del valor del real de plata de a dieciséis, a algo así como dos millones seiscientos mil euros, y en la segunda estimación, a unos seiscientos mil euros, cifra portentosa la primera y muy notable la segunda para alguien que había empezado sus negocios en Sevilla haría unos siete años.
La dote de Mary Clarke Wright, su esposa, que ascendía a veintitrés mil cien reales de plata (si fueron también de a dieciséis cuartos) habría equivalido, unos trescientos setenta mil euros y, bajo la segunda estimación, a unos noventa mil, cantidades considerable la primera y discreta o suficiente la segunda)
Si por real de plata, a secas, se entendía real sencillo, de a dos reales de vellón, la dote habría sido sólo de cuarenta y seis mil euros, modesta.

(…)

“Declaro que entre mis papeles se hallara una memoria escrita de mi mano y puño que empieza diciendo Jesus, Maria y Jose y Señor Santo Tomas mi abogado, en la cual hago diferentes legados que caben sobradamente en el quinto de mis bienes de que podia disponer (…)
“Y para pagar y cumplir este mi testamento, lo en el contenido, y que refiera la memoria de dichos legados nombro por mis albaceas testamentarios, á el referido DON PEDRO BUTHLER mi hijo vecino de esta Ciudad á DON TOMAS BUTHLER Y CLARKE tambien mi hijo que reside á el presente en la Villa y Corte de Madrid y está proximo a regresar a Ma donde tiene comercio, y a DON JUAN GOLBALLY, asi mismo de este comercio y vecindad, á cada uno , y les doy y confiero y á cada uno de ellos, poder comision facultad bastante en derecho para que perciban y cobren mis bienes y hacienda, saldar y liquidar mis cuentas (dos palabras ilegibles en mi copia) dar recibos otorgar cartas de pago, finiquitar chancelaciones, sesiones y enbrogaciones de mis creditos, conferir esperas y demas instrumentos conducentes, y para que en varon de todo puedan parecer y contender en juicio generalmente ante cualquier Señores Jueces, Justicia y Tribunales de ambos fueros (…)
(Firmado) = THOM BUTHLER =
(Nota : Es indudable su extremada confianza y seguramente amistad hacia Don Juan Golbally, a quien creo irlandés, comerciante en Sevilla como él, hasta el punto de darle plenos poderes como albacea, en unión y por separado con dos de sus hijos.
¿Podría ser que quisiera que hubiese un mediador desinteresado y honrado para asegurarse del acuerdo entre sus hijos?
Corbally es un topónimo en Waterford y un apellido toponímico, por tanto no se puede descartar que fuese un compañero de inmigración de Thomas Butler, unido a él desde entonces (si fuese pariente lo habría mencionado)

(…)

“CODICILO XI En el nombre de Dios amen, sepase por esta carta de codicilo como yo DON TOMAS BUTHLER, vecino y del comercio de esta Ciudad de Sevilla, collacion del Sagrario, estando enfermo y en todo mi acuerdo, juicio y entendimiento natural cumplida y buena memoria según Dios fue servido darme bajo de la protestacion de la Santa Fé Catolica, digo; que yo hice y otorgué mi testamento ante el presente Escribano público a diez de Octubre del año ultimo que pasó; porque tengo que añadir y quitar de él; hago y otorgo de este mi codicilo en la forma siguiente.
“La primera en la clausula antecedente á la de nombrar albaceas de dicho mi testamento espresé y declaré que entre mis papeles se hallaria una memoria escrita de mi puño en la que hacia diferentes legados que era mi voluntad se cumplieren y tuviesen por parte de mi testamento cuya es mi volntad, que quede de ningun efecto, y la revoco enteramente por este mi codicilo.
Y= Declaro que a DON PEDRO BUTHLER mi hijo le tengo cargados en su cuenta particular DIEZ MIL OCHOCIENTOS NOVENTA Y DOS reales de plata y once cuartos que gasté con su hija DOÑA MARIA DEL AMPARO BUTHLER Y URRUTIA, mi nieta en que tomase esta estado de religiosa, Y ahora es mi voluntad que á dicho mi hijo no se le carguen dicho DIEZ MIL OCHOCIENTOS NOVENTA Y DOS reales de plata en la referida cuenta, ni se le descuente de su legitima de cuyo monto le hago legado en forma, no obstante lo que dejo prevenido y dispuesto en el citado mi testamento por que lo hice de mi voluntad y por la singular satisfaccion que tuve en que dicha mi nieta fuese religiosa.
(Nota: Su hijo Pedro, que quizás trabajase con él y no tendría todavía bienes propios, debió de pedirle ayuda para dotar a su hija con una suma de unos veintiún mil reales de plata, que si siguen la equivalencia considerada en la primera estimación, serían trescientos treinta y seis mil euros, una cantidad altísima, que correspondería a un convento de monjas nobles.
La segunda estimación, cuatro veces menor, la situarìa en ochenta y cuatro mil euros, una cantidad más asequible.
Si “real de plata” se entiende como sencillo, la equivalencia sería sólo de dos reales de vellón y medio, y por tanto, dos cincuenta euros, lo que haría cincuenta y dos mil quinientos euros, una cifra todavía menor.
Thomas Butler O’Neill anotó la suma en la cuenta de su hijo, pero en aquel momento, cerca de su muerte, decidió perdonársela, por razón íntima de fe y de afecto hacia su nieta)
Y= Lego y mando por una vez á MARIA TERESA GARCIA que asiste de presente sirviendo en las casas de mi habitacion TRES MIL REALES de vellon ademas del salario que tenga devengado hasta el dia de mi fallecimiento por lo bien y fielmente que me ha cuidado y los intereses de mi casa que han estado a su cuidado como premio de sus servicios y por que asi es mi voluntad.
Y=Lego y mando por una vez a la hermandad de la Santa Caridad, estramuros de esta dicha Ciudad UN MIL Y DOSCIENTOS REALES DE VELLON para que los distribuya en los piadosos fines que acostumbra o fuera su voluntad porque asi es la mia.
Y ultimamente lego y mando por una vez á DON PEDRO MALANGRAN y a sus hermanos mis vecinos cuatrocientos y cincuenta reales de vellon por via de limosna que les entregaran mis albaceas luego que yo fallezca”.
(Nota: Revela en las cláusulas del codicilo algo de su intimidad. Lo manifiesta su atención y agradecimiento a quien debía de ser su ama de llaves, a otra entidad de caridad y a unos vecinos, hidalgos pero en la miseria, quizás también irlandeses)

El Teniente General Don Juan Butler Clarke

Aunque era menor que su hermano Tomás, que figura a continuación, pospongo a éste para después poder centrarme en `su descendencia, que somos nosotros.
Era el hijo menor de Thomas Buthler Oneill, y llevaba el nombre de su tío tatarabuelo John Butler, combatiente en Limerick.
Se hizo militar, quizá animado por los deseos de su padre.
Debió de figurar en alguno de los Regimientos de Irlandeses del Rey Católico, el de Hibernia o el de Ultonia, que en el siglo XVIII arderían todavía en deseos de volver a Irlanda y defender el catolicismo o transmitirían de una generación a otra la voluntad de liberar la Isla.
Los relatos de su padre y el ánimo de sus compañeros debieron de ser por tanto el alimento moral de Juan Butler Clarke: la defensa del catolicismo.

(Casamiento)

Se casó en Cádiz, en 1777, con María Ana de Grenier o Gramier (según otra lectura), su prima segunda, ¿por Clarke?, hija de Nicolás de Grenier e Isabel Elward.
Nicolas de Grenier era francés, de Valenciennes de Flandes, educado en París, en el Colegio Louis le Grand, de la nobleza, establecido como comerciante en Portugal, Cónsul de Francia, Secretario de Embajada y Encargado de Negocios interino, amigo del Príncipe, luego José I de Portugal.
Isabel Elward era oriunda de Irlanda y nacida en Oporto. De sus cinco hijos, tres fueron Guardias de Corps en Francia y otro Capitán de las Guardias Irlandesas en el mismo Reino (Datos recogidos por la Marquesa Viuda de Villaseca)
El enlace con los De Grenier tuvo que ver, por tanto, con los negocios familiares tanto como por el parentesco de los cónyuges; ya aparece un gran hombre de negocios y cónsul en Lisboa, al mismo tiempo que otro, quizás también pariente, por Keiser, era socio de su hermano Tomás.

(Ascensos)

En 1796, era Brigadier en el Regimiento de Infantería del Rey, y el 11 de abril recibió el hábito de Caballero de Santiago, a sus 47 años, en el reinado de Carlos IV, el primer Butler de nuestra rama que era de nuevo Caballero, y de aquella ilustrísima Orden.
Doce años después, en el momento de la Guerra de la Independencia, tenía ya 59 años y era Teniente General. Debió de asistir en Zaragoza a los hechos que determinaron la proclamación por el pueblo de Don José Palafox, Brigadier de 33 años, como Capitán General, saltándose la cadena de mando sin duda por la juventud y empuje de Palafox frente a la mayor edad de Butler, lo que significaba de hecho la reasunción de la soberanía originaria por la nación en aquellos turbulentos días.
Él debió de ser de todos modos respetado y reconocido como uno de los dos lugartenientes o Segundo Cabo después del Capitán General Palafox, junto con el también Teniente General Juan O’ Neill -¿pariente cercano?
En el terrible asedio, el Teniente General O Neill acabó muriendo, y en 1809 el Teniente General Butler tuvo que estar en la Junta que acordó la capitulación mientras el Capitán General Palafox yacía con las fiebres que habían invadido Zaragoza.
Caídos prisioneros con todo el Ejército defensor, los dos fueron conducidos a Francia, Palafox a Vincennes, donde sufrió un duro cautiverio de cuatro años, y Butler a Nancy, con su hijo, el Capitán de Caballería Tomás (IV) Butler de Grenier, que era su Ayudante.
El General no pudo soportar seguramente las condiciones del cautiverio, muy duras a juzgar por las de Palafox en Vincennes, unidas al debilitamiento sufrido durante el durísimo asedio y allí murió.
Supongo que su sentido histórico del significado de las derrotas de Limerick, se doblaría ahora por la suposición de la derrota de la Monarquía Católica ante los revolucionarios impíos mandados por Napoleón, sin que llegara a ver la victoria final.
Valorando la suerte de su propia familia, supondría que era ir de derrota en derrota. No me extraña que muriese a los 59 ó 60 años.
Su hijo volvió a España, donde al parecer se retiró.
De los retratos de Palafox podemos colegir cómo era su figura uniformada. Un gran sombrero bicornio, más grande que el de Napoleón, con la escarapela roja de los voluntarios de la defensa de Zaragoza, un chacó negro, pantalones blancos ceñidos y altas botas hasta las corvas.

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Su hijo Don Tomás Butler y Grenier fue Capitán de Caballería y Ayudante de su padre en Zaragoza, durante la Guerra de la Independencia.
Se casó con María de los Dolores Mendieta.

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De Rosa María Ballesteros García, de la Universidad de Málaga, obtengo ese dato y los que extracto a continuación:

Hija de ambos fue Rosa Butler y Mendieta, la más conocida poetisa de la familia, que nació en 1821, en Jaén, quizás estando destinado allí su padre.
Fue educada por sus tíos, Rosa Butler y Antonio Izquierdo, en Cádiz.
Fue una tempranísima feminista, a juzgar por su colaboración en las revistas de este signo “La Mujer” y “El Pensil Gaditano”, abandonando esta última después de su radicalización y secuestro gubernamental.
Escribió “La noche y la Religión” (1849), a sus veintiocho años, y “La creación del mundo”, un ensayo épico, en 1883, (publicado en la “Revista de la Cruz”, de Madrid, como resulta de la correspondencia de su prima Clementina) a sus sesenta y dos.
Una cadena de citas que remite a Huerta Posada, alude a su estilo, propio de “un espíritu tierno y sensible» y en el que “ la imagen (es) fresca y lozana», así como a su corazón «especialmente cristiano».
Era bisnieta, por tanto, de Thomas Buthler O Neill.

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Brian Foley, en “Butler Testamentary Records in Cádiz”, da los datos que extracto:
Rosa Butler y Grenier, hija del Teniente General Don Juan Butler, natural y vecina de Cádiz, hizo testamento el 18 de julio de 1820 (un año antes de que naciera su sobrina Rosa Butler y Mendieta, que llevó su nombre y a la que crió)
Se había casado en 1806, en el Puerto de Santa María, con Don Antonio María Izquierdo, hijo de Don Antonio Izquierdo y Doña Juliana Galiano, y tuvieron sólo una niña que murió en 1808.
Sus bienes eran tres casas en Cádiz (en Comedias, 25; Carretera Buñolería, 125 y 126 y Consulado Viejo, 42), Bonos del Tesoro, diamantes y otra joyería.
Su heredera, si ella y su marido fallecían sin hijos, sería su sobrina Doña María Dolores Butler y Mendieta, la única que debía de tener por entonces, también una niña.
Su albacea sería su marido y, si faltaba, Don Tomás Butler (de quien dice sorprendentemente que era Teniente General retirado) y los administradores de instituciones benéficas de Cádiz.

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Desde Puerto Real, en 1864, a sus cuarenta y tres años, Rosa Butler y Mendieta escribió un soneto para rogarle a la Reina una pensión, como nieta del Teniente General Butler y sin medios.
Va acompañado de un dibujo de su sobrino segundo, Francisco Marchesi Butler, entonces todavía un niño, lo que sugiere que la petición fue cursada por medio del esposo de su prima Clementina Butler Arias, el ya Teniente General José María Marchesi.
El dibujo puede ser un retrato de Rosa Butler, el perfil de una persona ambigua, más bien un joven, de cabello moreno revuelto sobre una frente amplia, pero que podría ser una mujer bajo un gran capuchón, envuelta en un manto, rostro fino y menudo, aguda nariz aguileña, vuelto hacia el suelo con los ojos cerrados y los labios finos apretados bajo un ligero bozo.

“A S.M. la Reina Dª Isabel 2ª

“Soneto.
“De la ignorada tumba donde mora,
envuelto en el olvido en tierra extraña,
un héroe, cuales brotan en España,
os eleva una súplica, Señora.
No pide que su polvo torne ahora
al suelo do brilló la ínclita hazaña,
porque espera en la fé que al justo baña
la gran resurrección consoladora.
El que impávido holló peste, hambre y fuego
la Ciudad defendiendo con bravura
solo un ¡ay! os dirige, en son de ruego,
de sus nietas al ver la desventura,
esperando su llanto enjuge luego
una Reina que es Madre en su ternura.
Rosa Butler.
Puerto Real 23 Abril 1864”

AGUSTÍN BUTLER CLARKE

Era el hijo menor de Thomas Buthler O Neill, llamado así por su abuelo materno, Augustin o Austin Clarke, de Duín.
El 19 de enero de 1828, Agustín Butler Clarke hizo testamento en Cádiz como soltero y hombre de negocios.
Sus bienes consistían en “los limitados y reducidos muebles de su casa y algunos créditos a su favor”.
No teniendo herederos forzosos, nombró albacea a Don José Delabat, con instrucciones que, de causar alguna disputa, lo convertirían en su heredero.
En el testamento se habla de su casa de comercio, que sería una firma importadora de los linos irlandeses de la manufactura Butler de Carrick On Suir.

Tomás Butler Clarke y Juana de Keyser

TOMÁS BUTLER CLARKE Y JUANA DE KEYSER


De Don Tomás (II) Butler Clarke, nuestro antepasado directo, sabemos que nació en Sevilla en 1743 y allí debió de aprender el comercio internacional con su padre.

Luego se hizo socio de Don Francisco ( I ) de Keyser, de Amberes, también comerciante en Sevilla, con quien el negocio internacional debió de multiplicarse (¿Amberes, Dublin, Cádiz, Indias?), en la Casa De Keyser & Butler.
Antes o después de formar su sociedad, el 2 de abril de 1770, teniendo él veintisiete años, se casó con la hija de su socio, Juana de Keyser Wellens, también sevillana como él, que era muy joven y muy bella, seguramente de menos de veinte años entonces (mi hermana Marita, con el tiempo, vivió muy cerca de la Avenida Keyser o Keyserlei de Amberes; ¡quién lo habría dicho!)
En el momento de la boda entre el impetuoso joven negociante de padres irlandeses y la hermosa hija del avisado colega flamenco, pocos podrían imaginar la desgracia que acabaría cayendo sobre ambos.
Los De Keyser o De Keijser de Amberes eran una familia al parecer burguesa cuyos orígenes recientes se conocen bien. Proceden de Dierck de Keijser, que se casó en 1594 en Amberes con Cornelia Provoost. Tuvo una nieta, Joanna Keijser, que se casó en 1649 con Ferdinand van Havre en Amberes, lo que parece probar que el nombre de Juana era usual en la familia. Usaban un escudo de armas con cuatro aros de oro y en medio una estrella de David de seis puntas, también de oro, en campo de sable.
Desconocemos el nombre de su madre, pero quizá se llamase Juana o Concepción Wellens (Joanna es también un nombre frecuente entre las Wellens de Flandes)
Tuvieron cinco hijos (Francisco, que debió de nacer en 1771, teniendo su padre veintiocho años, Concepción, de quien no sé la fecha de nacimiento, Tomás (III), nacido en Sevilla, en San Bartolomé, el 28 de febrero de 1788, otra hija de nombre desconocido, madre de las Sarabia Butler y Juan (II) Butler Keyser, por quien sigue nuestra línea, que nació también en Sevilla, en San Bartolomé, el 10 de abril de 1790, a las once de la noche, siendo diecinueve años menor que su hermano mayor)
Para sus hijos, la elección de los nombres parece deberse a lo siguiente: Francisco ( II ), por el padre de la madre, y socio quizás mayoritario del padre, a quien éste estaría muy reconocido; Concepción, quizás por la madre de la madre; Tomás, por el padre, el abuelo y el tatarabuelo; de nuevo, el nombre de Juan parece corresponder a la posible veneración familiar de John Butler, aprendida por Thomas Butler Clarke de su padre Thomas Butler O’Neill; la hija Innominada quizá se llamara Juana, como su madre.
El 13 de Diciembre de 1776, teniendo él treinta y tres años, se despachó en Madrid un título “por el ex.mo s.r D.n Josef Alvarez de Toledo Duque de Alva al concejo Justicia, regimiento de su Villa de Castilleja de Guzman pª servir los oficios de Justicia en ella en el proximo año de mil setez.tos setenta, y siete y entre los electos pª Justicia, y capitulares esta repartido, que sacado a la Letra dice assi
“Para Alcalde de la S.ta Hermandad por el estado noble á D.n Thomas Butler el menor=”
Por tanto, en este momento, no parece que estuviera todavía demasiado absorbido por sus negocios, hasta el punto de poder ser encargado de un puesto anual en la humilde villa donde su padre estaba, al parecer, hacendado.
El testamento de Thomas Butler O’Neill, de 1781, dice que en esa fecha su hijo Tomás Butler Clarke ya residía en Madrid y tenía allí comercio, por tanto, como mínimo, a sus treinta y ocho años, antes de que nacieran sus hijos Tomás y Juan y quizás la hija innominada.
Es lógico, por cuanto, al haber alcanzado el título de proveedor de la Reina, y seguramente de la Corte, le convenía residir en ella, lo que sería compatible con algunas estancias en Sevilla, como la de 1781, relacionadas a veces con el nacimiento de sus hijos, porque Juana de Keyser volvía siempre a Sevilla a parir, seguramente a casa de su madre, como era habitual en la época. De hecho, el domicilio social de la casa De Keyser & Butler seguía estando en Sevilla.
Pero ya por entonces su posición era espléndida, quizás entre Sevilla, Cádiz, Amberes, Madrid y Londres y seguramente ya bien relacionados en las dos Cortes de Madrid y Londres, viviendo como verdaderos cortesanos.
Encuentro la prueba de esta temporalización en que Juana de Keyser fue retratada en su juventud quizás por Reynolds, según atribución familiar. Pero la retratada aparece como una veinteañera, lo que sitúa la pintura hacia 1772, quizá recién nacido su hijo Francisco.
La pintura puede ser en efecto, siempre lo había pensado, de Gainsborough o de Reynolds, un espléndido retrato en un estilo elegante y estilizado que no se hacía en España.
Es una joven de piel lechosa, facciones finas y cabello negro, recogido en el estilo de las Cortes, que lleva un vestido carmesí con un gran escote y cuyas manos descansan sobre su regazo distendidamente.
El estilo es sencillo, prerromántico, la ropa sobria, la actitud casual, dentro de la formalidad cortesana. Hay una nobleza reynoldsiana en la erguida postura, con un gracioso doble movimiento de la figura, ligeramente vuelta hacia la izquierda la cara y hacia la derecha el torso.
En la década de los setenta, los jóvenes Butler brillarían en todas partes, él en la treintena, ella en la veintena, con sus niños recién nacidos. La Princesa de Asturias, María Luisa de Parma, tenía amistad con Thomas Butler y con Juana de Keyser.
Me pregunto cómo vería Thomas Butler padre, ya setentón y ochentón, la presencia de su hijo en la Corte inglesa, cuando él había tenido que abandonar Irlanda por su culpa, y cuando los irlandeses católicos todavía sufrían lo indecible bajo la opresión protestante. No sé si predominarían los sentimientos de humillación o los de desquite.
Para colmo, murió el mismo año en que su hijo Tomás fue arrestado; no sé si antes o después, si tuvo la suerte de no enterarse o no. Diez años antes había muerto su mujer.

El affaire De Keyser & Butler

(Mi interpretación)

Pero entre Sevilla y la Corte de España, el espléndido Don Tomás Butler Clarke llegó a una situación extrema, de la que empezaré por dar fechas y cifras, para seguir con mi interpretación de lo sucedido. Al final, copiaré la exposición que hace Concepción Muñoz, Marquesa viuda de Villaseca, y la comentaré.
Su socio y suegro, Francisco de Keyser, en De Keyser & Butler, había muerto antes de que empezara este asunto. Pero el Encargado de Negocios de Holanda, lo llamó “el affaire De Keyser & Butler”, y se puede aceptar este nombre por ser el de una Casa de Comercio cuyos intereses estuvieron en juego.
24 de Enero de 1786. Comienza la correspondencia entre la Casa de Don Jorge Dohrman, de Lisboa, y la Casa Keyser & Butler de Sevilla. Letras libradas a pagar. La mayoría, giradas en Lisboa por Don Josef Coleso, dependiente de Dohrman, quien residia en la Villa de Moura, a la orilla del Guadiana, a cuatro leguas de la Raya, para “facilitar la extraccion de tan enorme cantidad en el corto periodo de poco mas de un año”
La cantidad exacta extraída o evadida fue de doce millones ciento ochenta y cinco mil cuatrocientos ochenta y tres reales y veintiocho maravedíes de vellón (12 185 483 rs 28 mrs), que se puede estimar, en unos doce millones de euros. La cantidad, en una economía que mantenía muy poco comercio era en efecto enorme, si se tiene en cuenta que todas las exportaciones a Indias (las únicas realizadas desde la Península) ascendían en 1790 a setenta millones de reales o euros (Altamira, página 311), por lo que la evasión equivalió a 1/6 de dicha suma.
“…el asunto corria en terminos, que a no haber intervenido Denunciador, pudiera llegar la extraccion al termino funesto de faltar la plata en la mayor parte de las plazas de Comercio del Reyno” (Ondaroa, 1796)
Conviene precisar que se trataba de una “extracción” o evasión, en la que el delito consistía sobre todo en no pagar impuestos, o más precisamente, no someterse a los cupos de extracción legal autorizados anualmente por el Fisco.
Fin de Abril de 1787. Arresto de Don Tomás Butler Clarke.
19 de Mayo de 1787, Aranjuez, y 23 de Junio de 1787, Madrid. El Encargado de Negocios de Holanda, A. Hubert, escribe al Conde de Floridablanca, para que no se confisquen las letras del Sr. George Dohrman, negociante holandés establecido en Lisboa. Explica así lo sucedido:
“Ces Traites montant à 11460 pistoles (una pistola: dos escudos; cuarenta reales de vellón; letras por 458.400 reales de vellón o euros interceptadas en esa ocasión), à la charge de MM. Soret, Aguirre & fils, Lanux Père, Dubernat & Jugla, Solier & Cie & en faveur de M.rs Keyzer & Butler, aiant eté acceptées & ces derniers Negociants, n’ent veulant plus faire usage, comme cela arrive souvent dans le commerce, les endosserent à M.r D. & les lui renvoierent par la Poste.
“Le Commis infâme, qui devait les mettre au courier, les remit entre les mains du Fisc, où elles sont encore & c’est leur montant que le Fisc a fait insinuer aux accepteurs de tenir à sa disposition à l’écheance.
“Mais M.rs Keyzer & Butler en endossant les Traites au Tireur même les ont, ipso facto, eteintes & annullées”
Los participantes en la operación, fueron por tanto veintiuna Casas de Comercio, según el Señor Hubert, Encargado de Negocios de Holanda:
Diego Duff, de Cádiz, Ger.d de Stixosa, Biale frères, D. de Velasco, Pierre Ortiz, Marc Wyland de Londres, Barthelemi freres, Lannux Pere, Dubernard & Cie, Echeverrier & Bergos, E. Drouilhetil, Pavanera y sobrino, P.re Schropp, L.s Rigael, Simon & Roques de Nantes, Chaurrand freres id.m, Cm.e Fr.es de Aguirre & fils, de Madrid; Jean Soret, de Madrid; Jugla, Solier & C.e de Cádiz; todos los efectos de George Dohrman, y enviados a Keyser & Butler de Sevilla. Además hay que contar a Jacobo van Berleere, de Sevilla, como luego se verá.
¿1787? Muerte de su padre, Don Thomas Butler O’Neill.
1788. Ascenso al Trono del Rey Carlos IV y María Luisa.
1792. Nombramiento de Don Manuel de Godoy, Duque de la Alcudia, como Primer Secretario.
¿Marzo? de 1793. Primer Memorial de Tomás Butler al Rey, exponiendo que “no sólo se le confiscan todos sus bienes, sino tambien se le condena en la pena de extrañamiento de vuestros Dominios y se prohibe la admisión de su firma en los Consulados, lo qual ha colmado la desolacion del suplicante; cuios padres siendo delas mas ilustres Casas de Irlanda (…) por mantenerse en la Religion catolica abandonaron su patria, y los importantes Derechos que debian recaer en sus personas, y se establecieron por cerca de 50 años en la mencionada Ciudad dev Sevilla, en donde nacieron el suplicante y su hermano el Coronel D.n Juan Butler teniente coronel del Regimiento de Infanteria del Rey…”
19 de Marzo de 1793. Intercesión (no figura la firma) al Duque de la Alcudia, Don Manuel de Godoy, por ”este desdichado amigo en cuya antigua y distinguida Casa tubo la Reyna nra. Señora algun particular conocimiento, como se dignó manifestarmelo quando puse á sus R.s Pies los asuntos que se hán ventilado en el Consejo de Hazienda…”
4 de Abril de 1793. Aranjuez. El Duque de la Alcudia, Don Manuel de Godoy pasa a Josef de Godoy, ¿su hermano?, el Memorial de Don Tomás Butler al Rey.
13 de Abril de 1793. Dictamen de la Sala del Consejo de Hacienda, donde se recomienda acceder a lo solicitado..
14 de Abril de 1793. Josef de Godoy oficia al Duque de la Alcudia el dictamen de la Sala que vio el pleito de Don Tomás Butler, en el que se atiende la petición del mismo Don Tomás Butler, para que se le conceda lo que solicita (so pena de presidio perpetuo en caso de reincidir) y que “su firma puede correr como Adm.ºr del Caudal y Comercio de su Muger, y no en otro terminos”.
19 de Mayo de 1793. El Embajador del Emperador de Austria, Conde de Kageneck, recomienda a Don Jacobo van Beerlere, natural de Flandes, y establecido en Sevilla desde 1779, para que se le indulte de la confiscación de bienes y extrañamiento a que fue condenado injustamente en la causa contra Don Tomás Butler.
Abril de 1793. En cumplimiento de su condena de extrañamiento, Don Tomás Butler Clarke se retira a Portugal, dejando en Sevilla a su esposa y sus cinco hijos, el mayor de veintidós años y el menor, de tres.
1796. Segundo memorial de Don Tomás Butler Clarke al Rey que, en atención a sus padres y hermano, y a “la inocencia de una muger e hijos que gimen en el mayor abatimiento y desolacion”, le indulte de las penas personales de extrañamiento y proscripción de su firma en el comercio.
26 de Febrero de 1796. Pablo Antonio de Ondaroa recomienda a Don Diego de Gardoqui que se deniegue ejemplarmente, por la gravedad de los hechos, el indulto a Don Thomás Butler.
“…penas arto mas severas de las que sufre Butler; pues fuera del estrañamiento del Reyno, y la inhavilitacion de su firma en el Comercio Español, subsiste salvo en Portugal, donde habrá buscado el asilo y asistencia de su Amigo y Socio en los delitos D.n Jorge Dorman… d.n Tomas Butler que llevaba la firma con su Dep.te Lon pral Complice en la nueva contratacion, retirado tanvien á Portugal… La causa se examinó en la Subdelegación Gral de Rentas…y se miró (en quanto fue compatible con la Justicia) por el extremo de consideracion y equidad posible con la persona de Butler…”
Para esbozar un comentario, diré que a primera vista se puede observar el papel en la trama del Sr. George Dohrman, holandés establecido en Lisboa para negocios de cambio, que instaló en Moura a un agente para hacerse cargo de los envíos ilegales de plata; Tomás Butler parece haber actuado como intermediario, en Sevilla, de una red de negociantes casi todos de nombres franceses, holandeses y flamencos, que contaron con el respaldo de dos de sus Embajadas respectivas.
Puede comprobarse que casi todos los participantes de le evasión de plata fueron extranjeros, que tendrían por tanto lazos comerciales con sus países de origen, seguramente todos dedicados, como el mismo Tomás Butler, y su esposa Juana de Keyser, como heredera de su padre, a negocios de importación ¿Se trataba de una cuasi necesidad del libre cambio, contrariada quizás por una política excesivamente proteccionista y rígida por parte de la Hacienda española?
También se puede observar, dentro de su gravedad, la relativa blandura de las penas impuestas a Don Tomás Butler, que hubieran podido ser hasta de ocho años de presidio en África, pero que se quedaron en confiscación, extrañamiento o destierro, después levantada, y prohibición de su firma, excepto para los negocios de su esposa. Es notable la consideración que le guardaron los magistrados del Consejo de Hacienda y la misma intercesión de la Reina a su favor, dando la cara y su nombre por él. ¿Se pensaba que, en el fondo, era explicable y por lo menos razonablemente discutible tal contravención de las leyes?
También tuvo enjuiciadores severos, quizá por principios pero también quizás por motivos de bandos políticos, que habría que entender según la turbulenta política española del último decenio del siglo XVIII.
Tomás Butler fue protegido por la Reina María Luisa y, probablemente, por Manuel de Godoy; ellos personificaban un bando. ¿Hubo quienes pensaran que podían sacar provecho de la caída de Tomás Butler?
Citaré aquí un párrafo del historiador Rafael Altamira sobre los aspectos monetarios de la economía del siglo XVIII: “En cuanto a la exportación de la moneda, continuó prohibida en general (aunque el contrabando la sacaba continuamente); pero se concedían licencias para extraer ciertas cantidades, con pago de un derecho de tres por ciento. De estas licencias (…) la cifra permitida era fijada anualmente por real orden. Como se ve, en este particular continuaba el criterio de los siglos XVI y XVII, sin que la prohibición –que el contrabando eludía a todas horas- produjese más que trabas para el comercio”. (Rafael Altamira, “Historia de España”, tomo II, Sucesores de Juan Gili, Barcelona, sin año, página 284)
Este cuadro permite comprender lo sucedido. La legislación española seguía siendo muy proteccionista del mercado interior, sin embargo muy estancado. No había prácticamente producción industrial ni por tanto exportaciones a otros mercados. La única fuente de riqueza seguía siendo el inmenso chorro de plata que seguía viniendo de Indias.
El comercio exterior era sólo de importación y estaba en manos de extranjeros. Los beneficios de estas casas de comercio se quedarían casi inmovilizados en el ámbito de la Monarquía Española, pendientes de acogerse al cupo de la licencia anual, para poder invertirse en los bienes que en España faltaban, o para alimentar a otras sucursales de la misma Casa.
Habría por tanto un exceso de liquidez, que no se podría invertir ni en tierras, legalmente amortizadas en los mayorazgos o el clero, ni en otros bienes, puesto que no se producía apenas nada en España.
Literalmente, los importadores, como la Casa De Keyser & Butler y tantos otros, no sabrían qué hacer con sus beneficios.
Es comprensible por tanto que las Casas extranjeras recurriesen a la evasión continua de moneda para racionalizar su vida comercial. Tomás Butler, con sus contactos en Lisboa, Amberes y Londres, resultaba un buen intermediario para este tráfico ilegal, pero lógico, que desde luego, redundaba en el bien del comercio de la Monarquía Española, aunque perjudicase a un Fisco inmovilista.
Recuérdese que en el siglo XVIII empezaban a perfilarse las teorías del librecambio, motivadas, como de costumbre, por una realidad: el comercio internacional creciente. Pese al reformismo de la Dinastía, en España subsistían los criterios mercantilistas del siglo XVII, pero ya no se ajustaban a las características de un comercio que empezaba a internacionalizarse.
Es significativo que en su alegato pro-George Dohrman, el Encargado de Negocios de Holanda, propone que se compare la legislación española con la holandesa, en la que lo que se restringía era la salida de “hombres, artistas y útiles”, lo que indirectamente muestra que allí no se limitaba la salida (ni la generación) de dinero…
De la confiscación se exceptuaron todos los bienes de su esposa, Juana de Keyser, que eran cuantiosos, pero Tomás Butler Clarke no debió beneficiarse directamente de ellos, que a lo mejor pasaron por herencia de la madre a sus hijos, porque al final de esta historia, y pocos años después, tuvo que pedir una pensión de pobreza a Carlos IV, que le fue concedida, quizá por una cuantía no muy considerable.
Lo notable es que, seguramente poco antes de descubrirse todo, Tomás Butler Clarke impuso en el Banco de San Carlos una suma elevada, unos doscientos o doscientos cuarenta mil reales, para salvarlos del embargo, quizás poniéndolos a nombre de su esposa.
Esta suma (¿unos quinientos mil euros?) les hubiera permitido vivir con todo desahogo, pero el hecho es que no los pudo recuperar, y casi un siglo más tarde seguían allí, sin que sus seis nietos, que yo sepa, los recuperasen tampoco.

(Exposición de la Marquesa de Villaseca y comentarios)

Las notas que hace Concepción Muñoz, Marquesa Viuda de Villaseca, subrayan otros matices.
Empieza anotando que Tomás Butler tenía relaciones comerciales con Jorge Dohrman, de Holanda, y Jacobo Van Bierlere, de Alemania. Luego menciona el nombre del primero como Jorge Dohrman Keiser, lo que hace suponer que fuera pariente político suyo.
Encuadra los hechos en la siguiente situación internacional:
“El Conde de Floridablanca, para luchar contra los ingleses, ideó el sistema de la neutralidad armada, especie de bloqueo continental para aislar a Inglaterra, que más tarde Europa entera lo hizo suyo.
“(…) A la casa Keyser-Butler le giraba letras su socio Jorge Dohrman, el que se estableció en Portugal, país aliado a Inglaterra contra España, por las polémicas luchas de las colonias, y también se les unió Holanda en su contra”.
Estos párrafos hacen ver que Don Tomás Butler Clarke actuaba contra los intereses de España al sacar grandes cantidades de plata que pasaban a Portugal, como país enemigo, y luego a Inglaterra.
Pero queda el problema que he supuesto en mi interpretación, de la falta de canalización de la enorme liquidez con que contaban los socios de las empresas implicadas. ¿Se puede llamar traidores a los grandes empresarios extranjeros situados en España a los que Don Tomás Butler representaba? ¿O se puede considerar que tenían derecho a hacer una política distinta de la seguida por el Gobierno de la Monarquía Española?
Anota cómo “los defensores de los socios actuaron enseguida, recibiendo una carta el Gobernador del Consejo de Hacienda por el Embajador del Emperador de Alemania, Conde de Kagenck, recomendando el indulto para Jacobo Van Beerlere, natural de Flandes, y se levante la confiscación de sus bienes y el extrañamiento de este reino..
“El Conde de Floridablanca recibe otra carta del Encargado de Negocios de Holanda solicitando se restituyan las letras del negociante Jorge Dohrman Keiser de Lisboa, que el Intendente de Sevilla interceptó a la casa Keiser-Butler, a lo que se negaron por ser Dohrman el principal autor del fraude”
No parece que se trate de un mero asunto de derecho mercantil interno, puesto que se movilizan en defensa de los socios tan poderosas fuerzas, nada menos que el Imperio y Holanda, abogando por amigos y parientes quizá cercanos de Don Tomás Butler. ¿Había fuerzas políticas en España involucradas en una política económica alternativa a la de Floridablanca?
Años después, ya en tiempos de Manuel de Godoy, Duque de la Alcudia, éste recibió copia de la carta del Embajador del Imperio, manifestándole el Gobernador del Consejo de Hacienda que “confiado en su buen corazón, no puedo negarme a la amistad y compasión que me merece la triste y lamentable situación en que se halla Tomás Butler, este desdichado amigo de cuya antigua y distinguida Casa tubo la Reina Ntra. Señora particular conocimiento, como se dignó manifestarme, implora con lágrimas el consuelo de ver aliviada aquella desolada familia”.
La decidida y vehemente intercesión de la Reina María Luisa puede explicarse por su antigua amistad con Don Tomás Butler, desde que era Princesa de Asturias, pero también porque ella fuera cabeza del hipotético partido contrario al bloqueo de Inglaterra y partidario de la paz y el libre comercio, en lo que también estaría el mismo Gobernador del Consejo de Hacienda.
Pero el hecho de que Manuel de Godoy, pese a su relación con la Reina, no hiciera caso de su súplica “con lágrimas”, indica que no se trataba sólo de un asunto particular y de los sentimientos y simpatías que pudiera despertar, porque en ese caso se las habría arreglado para resolverlo, con un indulto, sino que estaba presente la gran potencia del partido profrancés y probloqueo, al que después de todo se entregó el mismo Godoy.
Luego la Marquesa de Villaseca recoge la propia petición de indulto de Don Tomás Butler, el envío, por orden del Rey al Duque de Alcudia, de ese memorial al Consejo de Justicia, y el dictamen del mismo contrario al indulto.
El mismo Rey Carlos IV se interesaba, sin duda a petición de la Reina María Luisa, y el Consejo de Justicia dictaminaba en contra de los deseos manifiestos de las Reales Personas, lo que en aquel clima político requeriría sin duda la aquiescencia de Godoy en contra de la Reina y del Rey a quienes se lo debía todo. Sólo se puede explicar si las fuerzas presentes fueran tan evidentes, que Godoy supiera que podía convencer a los Reyes.
La Marquesa de Villaseca anota que Don Tomás Butler “subsistió a salvo y libre en Portugal, donde encontró asilo y asistencia en su socio y amigo Jorge Dohrman Keiser, hasta la muerte de éste. Existiendo aún dependientes del fallecido, le acogieron hasta levantada la expulsión. Volvió a su patria por la petición que elevara su mujer al Príncipe de la Paz, donde le rogaba encarecidamente le fuera levantada la expatriación por la avanzada edad que ya tenía y el sufrimiento que padecía por la separación de la familia que tanto añoraba. Le fue concedida en 1809.”
A salvo y libre. Esto fue todo lo que pudo hacer la Reina María Luisa por su amigo Don Tomás Butler. Don Manuel de Godoy pudo concederle el regreso, y satisfacer en algo a la Reina, cuando ya la suerte estaba definitivamente echada y el papel de Don Tomás Butler no podía ser ya relevante.


En el momento de la catástrofe, en 1787, Tomás Butler Clarke tenía cuarenta y cuatro años y Juana María de Keyser estaba en los últimos treinta. Sus hijos eran todavía niños, Francisco, el mayor, de dieciséis años y Juan no había nacido aún.
No sé si su padre, ya ochentón, Thomas Butler O’Neill, se salvó de verlo en su desmoronamiento o si la desgracia precipitó su muerte. Dos años después del escándalo, Tomás Butler Clarke, su hijo, estaba en Sevilla el 5 de octubre de 1789 y pidió el testamento, quizás al fallecer su padre, que pudo fallecer también de la enfermedad que motivara la redacción del codicilo en 1782 (Su madre, Mary Clarke, había muerto en 1776 ó 1777)
Después de la desgracia y de un destierro prolongado, Tomás Butler Clarke tuvo que acogerse a Portugal en 1793, donde gozó del amparo de su amigo y pariente Jorge Dohrman, hasta que éste murió y siguió bajo el de sus dependientes. La mitad de su vida transcurrió alli, probablemente trabajando en aquella Casa de Comercio.
En 1807, con setenta y cuatro años, osó hacer un viaje clandestino a Madrid. Conservamos una carta a su esposa, escrita con una clarísima y ordenadísima letra, perfecta y espaciadamente alineada.
“Madrid 27 Feb.ro 1807

“Mi querida Juana, despues de haver escrito a Anica el martes pas.do fui otra vez a ver a D.n Juan Bedia a quien no encontré en casa y despues de haver aguardado largo tiempo, por fin entró, le manifesté que estava ya aquí tanto tiempo sin saver cosa alguna todavia, me dixo que con motivo de haver occurido que el Arzobispo de Toledo havia tenido alguna desazon con el hijo de la Matilde havia s; u Madre y Dª Rosalia acudido al Principe de la Paz que estava en el sitio para tratar este assumto y que assi contasse que luego que esse negocio se terminasse, hablaria del mio, por lo que no tuviesse cuidado, tambien añadio que al B.re Egan le havia dado orden que me diesse el dinero que necesitasse; yo fui a ver al B.xe Egan con ese motivo y afin de que me diesse alguno, pero el C.xe dixo que es verdad que le havia dado essa orden quando estuve malo, mandando que nada me faltasse, que le iria a ver y que le manifestaria que me hacia mucha falta, y que en caso que entonces le mandasse dar, me daria lo que fuesse su voluntad; en efecto fui ayer a visitarle y halle que se havia ido al sitio por toda la familia y que havia de bolver oy, con que mañana repetiré la visita y veremos lo que me manda dar; era de noche y mandó un criado conmigo para que le diesse noticia y dijo me vendria a ver; no sé si será como siempre…
“En mi ultima te dixe donde estaba hospedado; pago 13 R.s por el quarto, luz, cama, carbon e& = son Madre y hija, ambas viudas y me tratan muy bien (termina la cara)”
La carta está dirigida
“A losSs.es Cahill White y Beck
Para Dª Juana Mª De Keyser
Sevilla”
Quizás aquellas gestiones fueron las de la petición de una pensión de pobreza a Carlos IV, que probablemente a instancias de la Reina María Luisa la concedió, pero probablemente demasiado tarde para que pudieran aprovecharla.
Dos años después, empezada la guerra, y en medio de ella, la Junta Suprema halló el tiempo para ocuparse del asunto, quizá por alguna intercesión hecha aprovechando que residía en Sevilla, y envió el siguiente escrito:
“El Rey nro s.or d. Fernando 7.º y en su Rl nre la Sup.ma Junta de govierno del Reyno, enterada de la situacion y abanzada edad de Vm, y al estado de salud y pobreza de su Marido d. tomas Butler, se há servido alzarle el destierro que sufre y q.e pueda volver al seno de su familia y Patria.
“Lo que de R.l orn comunico a Vm pª su inteligª y satisfacion en el concepto de que con estas doy la orn conveniente al Ynt.e de este Exto pª su cumplim.to
“Dios gue a Vm ms as R.l Alcazar de Sev.ª 22 de En.º de 1809.
“Fran.co de Saavedra
“S.ra Dª Juana Keyser”.

Volvió por fin a Sevilla, al lado de Juana de Keyser, hacia 1809 por tanto, él con setenta y seis años, ella con unos setenta. En ese año, su hermano el Teniente General Juan Butler Keyser, estaba prisionero en Nancy, o ya había muerto en el cautiverio.
Su hijo mayor Francisco había muerto nueve años antes, en 1800, a los veintinueve, otro golpe para aquella pena. El joven, en 1787, cuando el desastre, tenía dieciséis; por tanto se había criado en el esplendor familiar y, muy joven, tuvo que ver el hundimiento y permanecer junto a su madre mientras duró el destierro de su padre.
Son de suponer las habladurías que todos tuvieran que soportar en Sevilla, después de haber estado en lo más alto de la sociedad española y encontrándose ahora por los suelos.
Si todos los bienes de Tomás Butler habían sido confiscados, vivirían en alguna casa de propiedad de Juana de Keyser. Pero por lo que fuera, tampoco se salvó lo de ella, por lo que estuvieron en una gran estrechez.
De hecho sus nietas, entre ellas María Teresa Sarabia Butler, que se criaron con ellos, o cerca de ellos, pues los llamaban “Agüelito” y “Agüelita”, no pudieron tener una buena educación, lo que abona la posibilidad de que la familia no tuviera casi dinero
Don Tomás Butler Clarke murió en 1817, a los ochenta y cuatro años, treinta después de su ruina.
Su esposa, la que había sido la hermosa Doña Juana de Keyser, “Agüelita”, murió demente, y bastante antes, con unos cincuenta y tantos o sesenta años, después de pasar un año en Madrid, quizá por no poder soportar todo lo que había ocurrido.

Los descendientes de Don Tomás Butler Clarke

LOS DESCENDIENTES DE TOMÁS BUTLER CLARKE


De Don Tomás (III) Butler ¿Keyser?, que supongo que fue hijo de Tomás (II) Butler Clarke, conservamos su modestísimo pero interesante historial como escribiente militar, que corresponde a la apurada situación en que acabó viviendo su padre.

En 1825 tenía 41 años, según su historial, o sea que habría nacido en 1784 (pero los datos ciertos de Tomás Butler Keyser dicen que nació en 1788; a no ser que mintiera en su edad para lo que luego diré) seguía soltero y su posición era precaria, con un sueldo nominal de nueve mil reales de vellón anuales (aproximadamente nueve mil euros; algo más de 700 reales al mes, “y en la situacion de la mitad como Cesante”, lo que le dejaba en 350.

Su historial es un documento del Ejército de Castilla la Vieja, de su Intervención de Hacienda militar.

El 16 de junio de 1808, o sea mes y medio después de empezada la Guerra de la Independencia, fue nombrado “Escribiente de la Contaduría principal de la Campaña del Egercito de Andalucía creado en 1808”, o sea, del que se puso bajo el mando del General retirado Castaños, y venció en Bailén. Tenía entonces veinticuatro años justos según este expediente, pero lo que me he imaginado es que se puso cuatro años más de los que tenía realmente, porque a lo mejor había un límite de edad y querría ir voluntario a la guerra, aunque fuera en ese modesto empleo de escribiente.

Con esto, se situaba personalmente en la defensa de la Religión frente a la impiedad revolucionaria, porque así fue entendido por los españoles.

No es mucho suponer que su decisión era en parte una consecuencia de la humillación sufrida.

El inesperado principio de la guerra le impidió seguramente ponerse a las órdenes de su tío el Teniente General Don Juan Butler y Clarke, a quien todo le tomó muy lejos, en Zaragoza.

Durante la guerra, el 24 de abril de 1809, pasó a la categoría de “Oficial de la misma Contaduría con la denominación de Egercito del Centro y otras que se le dieron”.

El 17 de julio de 1815, terminada la guerra, fue “Oficial 3º de la Contaduría de Egercito de Observacion de la derecha” (del flanco derecho)

El 31 de octubre de 1816, fue “Oficial 7º primero de la contaduria principal del Egercito de Castilla la vieja”, y hasta el 1º de noviembre fue ascendiendo de Oficial 6º a Oficial 2º.

Hay una nota final que dice: “Está purificado de su conducta política durante el abolido Sistema Constitucional en 1ª instancia y aprovada dicha purificación por S.M.”

Según la respuesta ¿de María Teresa Sarabia Butler? a ¿Clementina Butler Arias? Tomás Butler Keyser debió de morir el 19 de diciembre de 1833 ó 1834, con 45 ó 46 años. Probablemente fue en Valladolid.

No salió por tanto de su modesta situación, pero debe ser recordado con reconocimiento por su fidelidad a la Religión, hasta el punto de estar dispuesto a dar su vida por ella, desde su humilde puesto en los Ejércitos de la Independencia.

Don Francisco Butler Keyser fue su hermano mayor, que por tanto debió de gozar durante toda su niñez y adolescencia la época dorada de sus padres, tener plena conciencia del desastre, a sus dieciséis años, y acompañar a su madre cuando su padre se fue desterrado, desde sus veintidós.

Murió en Sevilla, en la Parroquia de San Marcos, en 1800, con 29 años, soltero.
De Doña Concepción Butler Keyser sabemos sólo que murió en 1852, seguramente octogenaria.
De otra hermana Butler Keyser, desconozco su nombre; sólo sé que se casó con un Sarabia y que tuvo tres hijas, calculo que hacia 1810, pues la mayor, María Teresa, vivía y al parecer muy vivaracha hacia 1880. Por tanto, su madre debió de nacer hacia 1790, poco antes o después de su hermano Juan, y ser la menor o de las menores de la familia.
Pero ella debió de criarse ya en la escasez o en la miseria. Sus hijas no pudieron tener una educación de señoritas.

martes, 7 de agosto de 2007

Juan Bautista Butler Keyser





Don Juan Bautista Butler Keyser, hijo varón menor de los de Tomás Butler Clarke, nacido en 1790, tampoco había conseguido más que conocer los años tristes y pobres de sus padres.

Se hizo militar, de Intendencia, llegando al máximo grado de Intendente del Ejército, equivalente al de General y ocupó el cargo de Director General de las Reales Caballerizas y de la Real Armería.

Se casó el 5 de Noviembre de 1820, a sus treinta años, con María Rosa Arias Gascó, sobrina de un célebre filólogo, en la parroquia de San Miguel y San Julián, de Valladolid.

Allí nacieron sus hijos Eduardo, el 7 de Diciembre de 1821, en la Parroquia de San Miguel, y Juan Butler Arias, el 1º de Abril de 1825, en la misma Parroquia y Ciudad, y luego, en Vitoria, seguramente al cambiar de destino, su hija Clementina , el 22 de Enero de 1830, en la Parroquia de San Ildefonso, “que acaso fuera la Castrense”, a todos los cuales al parecer puso en manos de su amigo, el entonces Coronel José María Marchessi hacia 1840, sólo once años más joven que él.

Los recuerdos familiares, simplificados, decían que el primero que llegó aquí, siendo amigo de mi tatarabuelo José María Marchessi Oleaga (nacido en 1801) y estando para morir, le encomendó la tutela de su hija Clementina, siendo ésta todavía una niña.

Desde luego él no fue el primero que llegó y no estaba muriéndose, como dice la tradición familiar, sino que su muerte ocurrió en Madrid, en 1861, en la parroquia de San Luis, cuando su hija tenía ya treinta y un años y él setenta y uno.

¿Cómo casan estos datos con los recuerdos familiares? ¿Pasó algún apuro muy grande, hasta el punto de tener que entregar a sus hijos a su buen amigo y perderse poco después él mismo, con su esposa o sin ella? ¿Qué graduación tenía? ¿Pudo ponerse del lado de los tradicionalistas en la Guerra Carlista, que terminó precisamente en 1840?

Tengo una carta de él, dirigida a su hija Clementina, cuyo párrafo final sugiere una explicación:

“Ahí te incluyo una Carta q.e me ha traido la (¿Rosa Butler?) pª ti. Por mas q.e aquella diga, yo no tengo alivio ninguno en mi padecimiento del pecho y cada dia estoy mas inutil pª todo. A Dios, mil cosas de todos y para todos, y queda tuyo siempre af.mo papá J.B.”

¿Se puso enfermo del pecho hacia 1840, y por miedo de que fuera una tisis, decidieron separarse de sus hijos? Parece bastante lógico. No lo es tanto que su amigo el Coronel Marchessi aceptara hacerse cargo de ellos, a menos que les uniera una amistad casi familiar, fundada posiblemente en los respectivos padres de uno y otro.

Otros párrafos permiten fechar la carta:

“Sevilla 2 de Junio

“Mi querida Clementina; he recibido la tuya del 29 con el retrato de Marchesi y Luis que me incluyes y que te agradezco mucho. Por supuesto q.e aunque Marchesi está muy parecido, tiene el inconveniente que yo encuentro en todos los retratos de esta clase, y es el de que hace parecer á los interesados de mas edad de la q.e tienen (…)
“Mucho siento q.e el pobre Luis dé en padecer esos ataques ó ¿cansones? tan inmediatos, pero si él se encuentra bien y alegre y come con apetito no hay tampoco por que temer que eso pueda dimanar de ninguna causa peligrosa, auncuando esté delgado, pero esto no es extraño estando creciendo.

“Aquí tuvimos al fin lluvia el dia del Corpus estando ya la procesion en la calle, por lo cual se deslució bastante como era natural y el tiempo ha continuado muy vario, habiendo llovido bastante antes de ayer, de modo que tiene uno que andar cargado con el paraaguas que es una diversion, y esto en Sevilla y en la estacion en que estamos. El Duque de Monpensier fue en la procesion, y el viernes saldria para esa con la Infanta y la niña mayor, seg.n estaba anunciado”.

Su nieto Luis nació hacia 1850, como la hija mayor del Duque de Montpensier, Isabel, nacida en 1848. Por las palabras del texto, ambos eran adolescentes, por lo que podía ser cuando tuvieran ambos unos quince años, es decir, hacia 1860, poco antes de que Juan Butler muriese.

Según se dice, José María Marchessi puso a la niña interna en un colegio religioso de La Coruña, pero cuando cuando cumplió diecisiete años se casó con ella, aunque permaneció algún tiempo sin hacer vida conyugal.

De hecho, su hija Clementina ( I ) creció al parecer no sólo alejada de su padre, interna en el colegio, sino también de su madre porque, como decía en una carta, desconocía el nombre de su abuelo paterno. Esto sólo se puede imaginar si casi no había conocido ni a su padre ni a su madre, o si, en otro caso, su padre había impuesto una “damnatio memoriae” sobre su propio padre.

A Juan (II) Butler Keyser no debió de faltarle el dinero, pues dotó espléndidamente a su hija Clementina ( I ); debió de sacarlo de su paga como Intendente General, no por parte de su madre, Juana de Keyser, porque su hermana Concepción no recibió esa herencia, dada la miseria en la que llegaron a encontrarse sus hijas.

Por tanto, el problema que llevó a la disolución de la familia no fue económico. Rosa María Arias murió, en 1861, el mismo año que su marido.

Siguiendo con los hijos de Juan (II) Butler Keyser y Rosa Arias Gascó, el mayor, Eduardo (I) Butler Arias es por quien empieza es nombre en nuestra rama familiar aunque luego fue tan seguido, que es de suponer que corresponde a una fuerte tradición. ¿Pero quién, fuera de esta línea de varón donde aparece por primera vez, lo llevó antes por alguna de las líneas maternas?

También militar de Intendencia, como su padre, llegó al grado de Mariscal de Campo (General de División)

Se había casado con una señorita apellidada Díaz de Cáceres, que acabó su vida en una tristísima situación, “como un cuerpo muerto” y tuvieron dos hijas y un hijo, Rosa, María ¿Encarnación? y Carlos Butler Díaz de Cáceres.

Rompió las relaciones con su hermana Clementina (II) “por genialidades”, según opinaba su sobrino Francisco.

Su hija María de la Encarnación se casó con el tiempo con su primo hemano Luis Marchessi Butler, hijo de su hermana Clementina y hermano de Francisco.

De Juan (II) Butler Arias, sabemos que fue también militar de Intendencia, y que llegó a ser igualmente Mariscal de Campo.

Fue a vivir a Barcelona, desde donde se escribió con su hermana.

Se casó con Manuela Gutiérrez Maturana y tuvieron tres hijos, Juan (III), José y Eduardo (II) Butler Gutiérrez.

Éste, ahijado de mi tatarabuela Clementina, y sobrino ciertamente querido, se casó con una prima lejana por parte de su abuela paterna, Rosa Arias Gascó, que fue María Suárez, y tuvieron cinco hijos, Manuel, José, Juan (IV), Pilar (recién nacida en 1884) y María Butler Suárez.

Juan Butler Arias se enamoró de la joven Antonia Castro, cuando tenía quince años y él con cuarenta y dos años. Se fue a vivir con ella a Zaragoza. Tuvieron cuatro hijas, María, Soledad, Juanita y ¿Jacinta?, que murió joven.

Cuando enfermó, su familia de Barcelona fue a recogerlo, y allí murió y fue enterrado. En su familia de Zaragoza se cuenta que, al morir, Antonia Castro quemó todas sus escrituras para que no pudieran reclamarle nada.

¿Jacinta? y Juanita, después de la guerra, visitaron a Eduardo Marchessi Sociats, su sobrino. Eran altas y corpulentas, como recuerdan vagamente quienes las conocieron. Pero ahora he contactado a su familia y puedo decir más. Soledad Butler se casó con Eduardo Ciria, que era abogado, y tuvieron dos hijos, Juan Ciria Butler, médico, y Manuel, militar. Su nuera, la esposa de Juan, decía que Soledad era muy estirada